domingo, 9 de diciembre de 2012


El mes de la primavera ha iniciado huesudo, desolado. Su cielo: una taza negra de chocolate. Nadie la quiere mirar, nadie la quiere beber. Es como si el clima se haya oxidado y la miseria de Dios haya descendido enternado y con los zapatos sin lustrar.
Y su miseria penetra. Nos toca. Nos ilumina.

(Septiembre 12,
10: 16 a. m.).

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