viernes, 1 de mayo de 2009

Las flores del mal (Baudelaire)



Reciclado en alguno de mis archivos encontré este texto.

El traje que inyecta en sus poemas son de alevosía y pasión, simbiosis que une para vomitar el unicornio interno, rebalsa el filo de las palabras, la dama se tiñe de maldad, de una crueldad que despierta ternura y rencor… Es un Baudelaire que se aflige al no estar con su bella «negra y, sin embargo, luminosa», se embelesa con la mirada morena, cree que «las lágrimas añaden un encanto al rostro» y añora la belleza del pasado, alaba la juventud, reconoce a sus faros, siente que su «inspiración» se ha enfermado, percibe que la frialdad de su musa le embriaga en vasos de tristeza y, no obstante, la ama más. Amor, palabra gigante de rasgos ambiguos, es el regadío, la causa, el embrión de aquellas oscuras flores o, también, la poda que limita los sentidos hasta que una lápida caiga en su espalda: principio y motor de la vida y la muerte. Son estos los temas que le apasiona como unión de sus finos trazos que se sumergen, cual ponzoña, al submundo de la excitación, las flores del mal son sus aliadas para que nazca esta universalidad.

Es el poeta que clama desde lo más profundo a pesar de ser rechazado y desconocido; el actor solitario y marginal que habla aunque su palabra sea sancionada en una Francia («país demasiado poblado que arrasa el sufrimiento») insoportable, bélica, sórdida en la cual se envenena con opio y vino para revestirse ilimitadamente y aplacar su dolencia orgánica; un rebelde para su tiempo vuelca sus emociones en el papel. Los poemas lo demuestran, cómo se desviste, se libera para dar un nuevo estremecimiento, hacer de su amada soledad, la tragedia que desate o destape los gritos encarcelados de esa vasta ciudad cosmopolita que cada día va creciendo en tumulto y desazón. Está atrapado en el tiempo donde la honda voz discordante es bofeteada por el gobierno, calla a aquellos que ultrajan la costumbre («manera legal de mencionar la pornografía») y, si bien solo son cuatro los poemas que se puedan considerar satánicos, es multado junto a su editor y seis son los poemas vedados. No obstante, aún hoy, más allá de la mutilación de su habla, se escucha que grita, basta abrir una de sus páginas para sentir aquel acorde humano que continúa respirando.

2008
AZAÑA

2 comentarios:

Qbi dijo...

lei este libro hace algunos años y creo que tienes el talento de representar bastante bien al poeta y su extención existencial, intima, y la época con su entorno la que condicionó a este buen autor.

podrías habñar de otros simbolistas más? lo haces bien.

saludos.

SIN CALZÓN dijo...

Gracias por el aliento.

Azaña Ortega