miércoles, 6 de febrero de 2013

Hemos dejado escapar una ola
sin darnos cuenta que se nos viene el océano entero
Y hay que aprender a vivir
sea en la orilla
o en el fondo del mar.

agosto 11

AZAÑA ORTEGA
Ahora desvístete.
Estas flores serán tu ropa.

Azaña Ortega
Alguien tiene que llevar la luz. 
No seré yo.

enero 2010

Azaña Ortega

martes, 15 de enero de 2013

Diciembre es el mes más infeliz del año. 

No me gusta diciembre. Me pone triste. Sus luces psicodélicas, sus infinitas propagandas de regalos, su estrés colectivo. Siento que hay más carros en las calles y más niños en otra agenda; siento que todo se vuelve más pasajero y más desechable que nunca. Son los días en que faltan páginas para los muertos y ya no hay espacio para más Papanoeles gastando lo que no han gastado en todo el año.

No entiendo cómo todo el mundo se prepara solo para una noche. Y allí se le van los sueños, los recursos y la vida entera. Y algunas veces, sin embargo, esta noche especial, se vuelve la noche más fea o la más desolada de nuestra vida. Y todo se vuelve verde y rojo y las ventanas se llenan de luces intermitentes y hay papanoeles trepados en los balcones y trinos y venados en los jardines y todas las casas quieren ser las más bonitas mientras la bulla y la tensión continúa por dentro. Diciembre da dolor de corazón. Y después del veinticinco, dolor de estómago.

No me gusta diciembre. Para nada. La melancolía en estos días es de carácter panetonezco. Me pongo más sensible. Recuerdo las navidades pasadas, recuerdo mi infancia, recuerdo mis juguetes y la tarde que aprovecharon mi ausencia y mis trece años para desaparecerlos de mi vida (cuando pregunto, se hacen los locos).

No me gusta diciembre porque por alguna extraña razón que prefiero no averiguar mi corazón se vuelve más débil de lo que ya es y puede quebrarse con solo ver a mamá tomando una taza de chocolate. No me gusta diciembre porque siento, una vez más —como todo el mundo—, que el tiempo nos abandona cada vez más rápido y no hago (o no hacemos) nada para revertirlo. No me gusta diciembre porque todo se abre, se cierra o se pierde. Para siempre. Dejamos atrás algo y miramos adelante lo que más tarde volveremos a dejar atrás. No me gusta diciembre, me da náuseas y ganas de llorar. Me recuerda a la chica de los botones, a Niña Blue, a Luna, a madame Irene. De todos modos, el veinticinco, saldré a reventar cuetecillos y prender chispitas mariposas con la pequeña Amalia. Para ella, diciembre, hasta el momento, es uno de los meses más felices del año. Yo le sigo la corriente y juego con ella hasta que todo el mundo cierre sus puertas.



MOISÉS AZAÑA ORTEGA

lunes, 31 de diciembre de 2012

SALMO DE UNA MEDIANOCHE EN QUE NO QUERÍAMOS MOVERNOS DE CASA


Brindemos no por el futuro que no nos espera
Brindemos por el pasado que tanto daño nos ha ofrendado
Brindemos, no por el año nuevo
casi todo lo nuevo sabe mal
empezando por la ropa
y los amores
que aún no tienen el olor de madera llovida

Brindemos por lo viejo
por lo que hemos querido
por lo que hemos odiado
por lo que hemos llorado
no por los desactualizados presentes que vendrán

Brindemos por lo que hemos dejado
y se ha resignado a quedar atrás
por lo que hemos querido dejar
y, maldita sea, no nos ha soltado

Brindemos por nuestros padres
porque también podemos elegirlos
por sus errores
por sus aciertos
por sus levántate, ya son las diez
cuando apenas son las seis

Brindemos 
por los hermanos
por mis veintitrés hermanos
aunque mal paguen
o mejor dicho 
aunque no me paguen nada
ni siquiera un pasaje a la universidad

Brindemos por los besos que no hemos dado
por los huesos que nos hemos roto
por los esfuerzos sin gloria
por los besos que nos costaron 
«te recuerdo como la mejor canción»
por los amores que se fueron
por los que no regresarán

Brindemos
Brindemos
hasta rompernos la sonrisa
de tanto Dionisio perdido en el Centro de Lima
por tanta rabia mal disimulada
hasta que nuestras vísceras queden reflejadas en el espejo
hasta que nuestro rostro ya no sepa cómo se llama

No nos espantemos de nosotros mismos
brindemos por la vida
un himno por la muerte
que a nadie espera
la muerte que bailará esta noche con nosotros 
la muerte que se sentará contigo al desayuno
la muerte que no asistirá a tu entierro
la muerte que mañana se acostará en tu cama
y pondrá en la cocina el calentado para que juntos lo saboreen

Brindemos
se nos va la vida

Brindemos
la vida ya se ha ido

MOIZÉS AZÂÑA

domingo, 9 de diciembre de 2012


El mes de la primavera ha iniciado huesudo, desolado. Su cielo: una taza negra de chocolate. Nadie la quiere mirar, nadie la quiere beber. Es como si el clima se haya oxidado y la miseria de Dios haya descendido enternado y con los zapatos sin lustrar.
Y su miseria penetra. Nos toca. Nos ilumina.

(Septiembre 12,
10: 16 a. m.).

martes, 4 de diciembre de 2012

Q. E. P. D. 2012


Ya salió nuestra primera plaqueta. Lo pueden encontrar en la librería El Virrey del Centro de Lima o enviándome un mail.


QUE EN PAZ DESCANSE

viernes, 26 de octubre de 2012



Hace un momento,
cuando empezaba a escribirte, me has llamado.
Justo le había colocado punto a la primera oración. Por el celular te he dicho que estos días han sido como si estuviera en un pozo:
por momentos una fuerza me ahogaba, una fuerza grande y aparentemente invencible;
por instantes pequeñísimos si dejaba abierto un mínimo de fatiga (herida) me dejaba ahogar;
ha habido instantes que he flotado y algo así como
paz flotaba conmigo;
y otras, las más, he nadado. Y qué cansancio.
Y en ese nadar
nada he conseguido.
O he conseguido poco.


En el pozo he estado a oscuras,
la luz que venía del exterior era endeble y apenas alcanzaba para alumbrar retazos.
Tu llamada —también te lo he dicho— ha sido como si alguien de afuera me haya alcanzado una mano,
una mano que se estiraba conforme fue estirándose la
conversación.
Esta mano me ha permitido respirar, ha permitido que descanse mis brazos ya cansados de nadar hacia ningún lado.
No conforme con ello, me ha sacado del pozo, de la
oscuridad del pozo.
Y de ese mundo amurallado de sombras hemos pasado
a este mar inmenso de luz y sin barreras.


El problema del mar es su inmensidad, su imaginada
infinitud;
lo positivo es su nueva perspectiva, su diferente
punto
de vista.
Al frente ya no tengo murallas, ya no está ese muro de cemento que me acompañaba como un lastre en el pozo,
ahora tengo varios panoramas,
está en mí nadar con una dirección,
y aunque tu mano dejó de estar en algún momento —como también te lo dije—, me dejaste un flotador.
En el pozo era más fácil nadar pero no llegaba a ningún lado, mi perspectiva siempre era la misma;
en el mar nadar es más difícil, pero el riesgo, el peligro, la dificultad tiene su mira: hay la posibilidad de pisar tierra y continuar caminando.  

*Carta enviada a Niña Blue.
AZAÑA ORTEGA

lunes, 6 de agosto de 2012


Estos días son completamente tuyos. Y este completamente no encierra un parcial. Tú abarcas la totalidad de mis días. Mis pensamientos y mis actos son solo de ti, mis sueños y mis ideales te pertenecen. No hay nada que no pueda traducirse en tu nombre, no hay nada que no pueda dar con tu imagen. Tu rostro, tus manos, tus gestos, tus palabras abarcan TODOS MIS PASOS. Estas paredes, el cielo triste de mayo y hasta mi propia respiración —aunque suene patético— tiene tu nombre y tu imagen. 

AZAÑA ORTEGA

domingo, 15 de julio de 2012

Quien no visita la palabra escrita, huye de sí


Ahora que sobre todas las cosas debería frecuentar las palabras, no voy a su casa. Y en venganza, ellas tampoco vienen. Se rehúsan. Entonces sufro por una coma, lloro por una vocal, me arrastro por un verbo.


   No sé qué me sucede, es como si mi autoestima —que ya de por sí es baja, subterránea— se haya zambullido debajo de los subsuelos o como si esas palabras que ayer no más encendían su generosa vela, hoy se hayan apagado. Forman su propia patria y hacen de mí un exiliado, un desterrado que no se encuentra en ningún terreno, en ningún tiempo, en ningún Jesucristo obsequiando caminos y verbos.

diciembre 11

AZAÑA ORTEGA

lunes, 9 de julio de 2012