viernes, 30 de octubre de 2009

Todos los días camino, avanzo, leo, trato de ficcionar que he aprendido o estoy aprendiendo y sin embargo me parece que continúo en la primera página, que lo leído no ha sido ni siquiera el prólogo, que apenas soy la idea de un libro que aún no se ha escrito y que quizá jamás se escriba.

setiembre 09

AZAÑA ORTEGA

lunes, 19 de octubre de 2009

Noche rosada


A manera de Prólogo:
No soy simpatizante del fútbol, por lo menos no del que se exhibe acá que da lástima con equipos como la U y Alianza y Cristal y hasta mi pobre equipo rosado. En verdad, el fútbol me da sueño, prefiero estar tocando guitarra o leyendo o durmiendo o perdiendo el tiempo conversando… o escuchar al padre Oviedo en sus pláticas con Belmont. El fútbol de aquí no solo (me) da sueño, (me) da cólera, sin embargo masoquistamente veo los de la selección peruana, después nada. Ni siquiera miro cuando juega el Boys, equipo de mis amores, salvo si se juega la final como ahora. Y un campeonato no lo gana así no más, hay que celebrarlo, por eso decidí escribir algo que muestre mi alegría; déjenme festejar esa pequeña gloria, déjenme morder de ese elixir que quizá jamás vuelva a probar. ¡Vamos Boys!


*
«El 28 de Julio de 1927, un grupo de entusiastas muchachos, cuyas edades fluctuaban entre los 11 y 15 años, concretaron una idea de Gualberto Lizárraga: formar un club. Y se reunieron, desde tempranas horas de la noche del 27, en la casa de Ricardo Arbe, situada en la chalaquísima avenida Sáenz Peña signada con el número 724. A las 0:00 horas del 28, el grupo, integrado en su mayoría por alumnos del colegio San José de los Hermanos Maristas, entonó el Himno Nacional recordando el 106 aniversario de nuestra independencia, y de inmediato empezó la deliberación para formar la primera junta directiva. La presidencia recayó en el joven que lanzó la idea: Gualberto Lizárraga. El nombre del club, decidido por unanimidad, fue Sport Boys Association, y jamás ha sido cambiado desde entonces».



I
Cuando el alma gana una ilusión no es más que la ganancia de la cruel posibilidad del fracaso o del éxito. Sport Boys Association el año pasado descendió a la Segunda División de fútbol, mi ilusión paleolítica de ver a mi equipo dando la vuelta olímpica con la copa en mano, se deshizo, me derrumbó, y si no lloré fue quizá porque tomé el consejo de Montaigne: «parece que el alma, quebrantada y conmovida, se pierde en sí misma si no se le da aplicación. Es preciso en toda ocasión que se proponga un fin y actúe».

Boys es un equipo que no vende ilusiones, las obsequia. Uno las toma, las amolda en su brazo y deja que su corazón juegue con las palpitaciones hasta que los bombos retumben en el estadio con coros y olas y gritos y lágrimas. Ya lo dijo uno de sus futbolistas: «Boys es un equipo que está hecho para sufrir». Es decir, es la resaca de todo lo sufrido; el poeta César Vallejo también sería hincha de este equipo.

No quiero hacer de estas líneas un intento de que quien lo lea se ponga la camiseta rosada, tampoco una alabanza, prédica u oración hacia la Misilera, no quiero beatificar a la institución, ni decir que este equipo es lo mejor que se haya visto, mejor incluso que el Real Madrid. No necesito mentir. Desde que tengo memoria y uso de razón Boys no ha sido campeón, aunque la historia escribe que fue el primer campeón del fútbol peruano y de modo invicto, además campeón seis veces y otras subcampeón en el fútbol nacional y buenas campañas en la Copa Libertadores, asimismo el único que conformó la selección peruana de manera íntegra en los juegos olímpicos de Berlín, etcétera; en estos últimos años, sin embargo, ha sido un equipo de grandes sueños y pocos triunfos, luchador de los primeros puestos, aguerrido ante los próceres del balón, idiotizado ante los chiquitos. Daniel F, también rosado a morir, alguna vez mencionó que su banda Leuzemia es como el Sport Boys, siempre a media tabla. Tal vez pueda decir que Boys era el espejo de mi propia miseria: perseguidor de un propósito a pesar de las adversidades pero de manera desorganizada. Esta y, sobre todo, razones dirigenciales, hizo que el barco deportivo naufrague a la segunda ante la vista de la Fortaleza del Real Felipe, las lágrimas de los chalacos y el dolor de todos en general por ser un equipo querido y con historia. Boys bajaba y tenía que enfrentarse contra el Deportivo Municipal, San Marcos y otros, entre ellos, el Cobresol.

II
Tras una buena campaña en el año, ayer disputaron la final. Siete de la noche. Estadio Miguel Grau, no entraba ni un grito más; el color rosado y negro, los matices supremos del Callao bandereados con el soplo del Pacífico. Los nervios empezaban. Antes de que empiece la disputa por el ascenso, estuve comprando libros en Amazonas. Compré solo dos y un disco de Mario Lanza. En el camino de regreso, pensaba en todo menos en el partido, estaba tan abstraído con los libros comprados y la alegría de tenerlos, que olvidé por un momento que se jugaba la Copa. Cuando supe la hora, creo que más de las siete y media, no pude contener los pasos (olvidé decir que ya había bajado del carro). Ozzy, también partidario del mismo equipo, era el punto de reunión. ¿Cómo estarían jugando, ya habrían anotado, en qué minuto estarían? Lo que me alarmó fue escuchar de varias casas voces difusas de los comentaristas.

Toqué su puerta, lo llamé y salió. Se escuchó de su tele el canto efusivo de un gol. Su rostro no expresaba buenas noticias. «¿Gol de Cobresol?». Para mi alegría, dijo que el Negro Waldir había anotado. Ganábamos 1-0. ¿La alegría empezaba? Boys estaba obligado a ganar, un empate no servía de nada, si empataba, Cobresol campeonaba y ascendía.

«¿Cuánto dura ser feliz?: son segundos nada más»: Cobresol, luego de nueve minutos, anotaba el empate. Con el 1-1 se irían al descanso, la tensión continuaba. No apto para cardiacos.

Segundo tiempo. Un imprudente e iracundo jugador del Boys se hace expulsar tontamente a los ocho minutos, apenas había jugado. A los 25’ Ozzy y yo, inusitadamente, mentaríamos improperios en son de lamento. Cobresol ganaba 2-1, faltaba solo 20’ para que el árbitro diera el pitazo final, Boys tenía un hombre menos, me esperaba lo peor, no podía esperar un año más para ver a mi equipo en primera. Nos apagamos, ya casi sentenciábamos la derrota, yo me veía renegando, como la semana anterior tras la tonta derrota peruana ante los argentinos, veía una noche gris, amarga.

Seis minutos más tarde retornaría la esperanza, Waldir con un zurdazo metía el balón a las redes del equipo moqueguano: 2-2.

El partido moría, pero las ganas de vencer estaban intactas. Cobresol con ese empate tenía asegurada la copa. Sin embargo, Carlos Elías nos tenía una sorpresa a los 39’: ¡Gol!: 3-2.

Podemos llorar por alegría o por pena, pero llorar al fin y al cabo. Cobresol lloró de pena, de impotencia y de rabia. Boys, de alegría: tenía la copa, tuvo los huevos, tiene la gloria. La felicidad vestía color rosa, en su espalda y su pecho el nombre de la institución chalaca ascendía hasta el cielo. Habíamos ganado, Sport Boys campeón, se salía el mar.




AZAÑA ORTEGA

domingo, 11 de octubre de 2009

No solo para fumadores




El año pasado en una de las correspondencias que mantenía con una agradable pintora (hoy toda una ingrata), le escribí las siguientes líneas luego de leer «Solo para fumadores» de Julio Ramón Ribeyro.

Si gustas de fumar cigarrillos tendrías que estar contenta; te muestro lo que he encontrado: «Diga lo que diga Aristóteles y toda la filosofía, no hay nada comparable al tacaco… Quien vive sin tabaco, no merece vivir», frase que no comparto, pero ya la tienes. Te muestro otra por si no te convence la precedida: «No comprendo cómo se puede vivir sin fumar… Cuando me despierto me alegra saber que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo presentimiento. Sí, puedo decir que como para fumar… Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería para mí un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme hoy no puedo fumar creo que no tendría el valor para levantarme». Pensamiento que consideraría si gustara de fumar; como no me apetece lo tomo simplemente como valor literario pues fueron escritos por dos grandes. El primero por Moliere, el segundo por Thomas Mann.

Morir de cigarrillo con el humo en la mano. Julio Ramón Ribeyro, como otros escritores, se murió por ser fumador; aunque de joven ya lo habían operado por tal motivo, continuó fumando hasta sus últimos días. Miento, sus últimos días ya no pudo fumar, tampoco pudo recoger personalmente el Premio Juan Rulfo por mejor cuentista. Murió el año 94 del siglo pasado. Una frase que puede describir su carácter: «Escribir es para mí un acto complementario al placer de fumar», de André Gide.

El relato habla de la presencia de los cigarrillos en su vida, lo trascendental que fue para él; luego de ser operado se le prescribió que deje el cigarrillo de manera radical, y lo hizo, pero solo por un pequeño tiempo. Confiesa que sin el cigarrillo no podía escribir, y él no podía vivir sin escribir, entonces como vivir sin escribir era como estar muerto, prefirió fumar y así volver a la vida escribiendo hasta que la muerte no deje en él más que rastros de una resistente humareda. Luego de su operación vivió más de veinte años con el cigarrillo en la mano.

Octubre de 2008
AZAÑA ORTEGA

miércoles, 30 de septiembre de 2009

III


Hoy la veo tan distinta que a veces creo que esos recuerdos no son más que historias imaginadas. He dejado de ser su parroquia, acaso porque he crecido y se avergüenza, acaso porque es más estable en sus sentimientos y su conducta ha dejado de ser la de muchacha enamorada, acaso porque las preocupaciones también cambian de rumbo y ya no se tiene tiempo para adentrarse en trivialidades juveniles, acaso porque ahora es madre y debe ser un ejemplo para sus dos hijas, acaso porque la vida enseña y caer en el mismo hoyo dos veces no está permitido. En la actualidad solo acude a mí con sentencias de hermana preocupada por el menor de los hermanos, el más escuálido, ese que parece más un espantapájaros que una persona y sufre de vértigos y también sufre de poesías.

Hermana se acuesta tarde y se levanta primera. Yo me acuesto menos tarde y me levanto último. Por lo general reniega, aunque su carácter risueño no le permite vivir en ese estado. Ya no esconde sus sentimientos, lo que tiene que decir lo dice, se expresa con la mayor libertad posible, ella no se enmascara y deja que su vida sea una apariencia de lo que quiere ser, es ella misma. El temor es para mediocres como su hermano menor, ella no le teme a nada. En realidad, solo hay una cosa a la que le teme, sospecho que por eso lloró la última vez. Intenté ir a consolarla pero hubo algo indeterminado que me detuvo, me fui a mi habitación y presencié la misma tristeza infantil aunque ahora sólo escuchada de lejos; ya no me acerqué, tampoco ella me llamó. El tiempo no cambia, nosotros cambiamos en el tiempo.

setiembre 09
AZAÑA ORTEGA

domingo, 13 de septiembre de 2009

Otra clase de arte


Para establecer un arte se debe tener una técnica. Arte sin técnica no es arte. Son muchas las que me gustaría aprender y ejercerlas con el mayor entusiasmo adentrándome más allá de lo establecido sin diferenciar categorías de pasión o de placer. Sin embargo, existen artes en los cuales por más que uno quisiera educarse, no se podría. Por ejemplo, yo no conseguiría desarrollar el arte de la culinaria, terminaría saboreando cada sazón, comiéndome todo, engordando hasta llegar al punto de no reconocerme en ningún espejo y colmar mi ropero de vestimentas de talla excesiva.

Pero hoy, a pesar de tantos restaurantes, se puede saber muchos oficios pero si no se sabe cocinar, se está en la prehistoria. Se es un hombre que no respeta su estómago y por tanto su vida. Quien no sabe ni siquiera cuestiones básicas, no debería llevar el apelativo de homo sapiens, debería continuar viviendo en cavernas alimentándose de carne cruda y con la frente en alto llevar el rótulo que le corresponde: homo hábilis.

La tendencia moderna a la desidia causa que la gente, con mayor frecuencia, no prepare de modo tradicional los guisos y sopas, sino que compre sobres de alimento instantáneo, y en segundos, haya un plato humeante que espere ser devorado. Pero ninguna preparación etiquetada reemplazará la mano de un buen cocinero y sus secretos y sus trucos para una mejor sazón, así prepare el apurado y perezoso (aunque suculento) Arroz con huevo. Huevos hay para todos los gustos, se viste de mil maneras: en tortillas, en queques, en papas rellenas, en tamales, en papa a la huancaína y uno de los alimentos preferidos de niños y grandes: el huevo frito. No tengo idea de cuándo utilizaron al huevo por primera vez como alimento. Habrá sido un gran avance, tal vez la derrota a un temor religioso. Si los antiguos hubieran sabido que en este tiempo se le iba a utilizar desmedidamente, estoy seguro de que no habrían dejado ovíparo alguno.

Primero se debe tener una sartén muy limpia sino quiere correrse el riesgo de que el huevo (el anfitrión de la mesa) quede pegado. A la hora de voltearlo para dorar la espalda, se destrozaría y en lugar de huevo frito parecería más un huevo hippie, es decir, incongruente a la estética normal de sus consanguíneos que han caído al mismo destino, una especie de voltereta en manicomio. Aceite, sal, si quieren mejor sabor: Ají no moto.

Se echará aceite a la sartén dependiendo de la cantidad que se querrá freír. Dejar reposar hasta que se escuche un tenue ruido incómodo; en ese instante se extraerá el huevo de la bolsa o estuche y con una mano, la derecha de preferencia, se golpeará en cualquier punta cercana, mejor si es en la cocina misma (tendrá esta doble uso, será el instrumento por excelencia). Para romper el cascarón no será necesaria una fuerza hercúlea, bastarán golpes suaves, muy suaves, evitando en todo momento el escándalo. Una vez rajado, se acercará lo más posible a la sartén y, con las dos manos previamente lavadas, sintiendo la calentura del aceite, se le dividirá en dos teniendo en cuenta que se está abriendo no cualquier objeto anodino, sino la virginidad de un cigoto, la yema y la clara que todavía no han sentido los latidos del mundo. Abrirán sus ojos ansiosas de esa luz que se esconde más allá de su celda, más allá de su caverna rosada.

Si se sigue los pasos, deberá caer con delicadeza y cuidado femenino, en caso contrario el peligro acechará de nuevo: el aceite salpica en cualquier parte, tal vez la mano, quizá el brazo, consecuencias peores: en el rostro. Esta experiencia inocente puede convertirse en el trauma que impediría la realización de un poeta del sartén, la imposibilidad de trascendencia en este campo sería calumniada por tal detalle ínfimo. Consecuencia trágica: las generaciones venideras se privarían la sazón del frustrado artista.

Percibirás cómo ante tus ojos se extiende un mar blanco que rodea a un sol pequeño y embarazado. La materia irá tomando consistencia. Aquí no vale adelantar el tiempo, el proceso continuará lento… Si olvidas echar sal, existe la suerte de poder enmendar la negligencia una vez frito, pero es preferible echarla en la sartén cuando está cogiendo el punto excelso. Con una espumadera se volteará con cuidado. Depende mucho de la especie de huevo que se quiere conseguir. Si es a la inglesa, bastará con que apenas se voltee unos segundos, teniendo cuidado de que la yema no se lastime; para menor complicación, solo se salpicará el aceite. En cambio si se desea bien frito, la yema, ese pequeño sol embarazado, se humillará ante la espumadera llorando su amarillo en el territorio de la sartén. Lo principal para saber si ya está en su punto, en este caso, no es por el deleite que el paladar pueda sentir, sino por la percepción.

En un plato, hondo o tendido, se acostará tímidamente el huevo. La posible combinación con algún potaje quedará en las manos del comensal.

Estas observaciones o consejos evitarán preparar un huevo que en la sartén deje de ser huevo para tornarse en el recuerdo de un huevo, la ceniza del huevo que nadie, ni siquiera el mismo que ha frito, se dignará a comer. Motivo por el cual me he tomado el trabajo de investigar acerca de su elaboración y experimentarlo. Y si algún día no tengo qué comer empacharme a punta de huevos fritos y no de cigotos carbonizados. Aquel día, quizás no sin falta de orgullo, seré el artista que fríe huevo y tiempo después crearé mi universidad donde enseñe a freírlos.

setiembre 09
AZAÑA ORTEGA

domingo, 6 de septiembre de 2009

Piedras en el escritorio


Eran tres o cuatro piedras las que tenía en el escritorio, cada una con un significado distinto, cada quien guardaba su propia aura, su propio color; era la concepción de un momento, el instante que había robado un pedazo de eternidad. Pero ayer cuando distribuía un nuevo orden a la mesa de estudio, me percaté que no eran tres o cuatro las piedras, sino más diez, entonces ese mundo tripartito que tenía en mente empezó a derrumbarse, inició mi confusión y los significados atribuidos cayeron al caos, todos terminaron siendo parte de todos, mezclados, confundidos, sin saber a cuál le pertenecía determinado valor. ¡De dónde salieron tantas piedras! ¡Cuándo las traje! ¡Qué valor les atribuí!

Están todas allí, ya no las puedo retirar, sería una ofensa contra mi persona y contra ellas que aunque no sienten, para mí están vivas.

26 de julio
AZAÑA ORTEGA

lunes, 31 de agosto de 2009

domingo, 23 de agosto de 2009

Soledades


Extrañarán volver a acostarse juntos, extrañarán los ronquidos que incomodaban e impedían volcarse en el sueño, extrañarán las pataditas, las breves discusiones que desvelaban sus noches; extrañarán tener en sus costados el pellejo grasoso que cada día aparentaba más a papel ajado que piel humana.

Se extrañarán. Cada uno pensará en el otro con más frenesí que los primeros días de enamorados, no dormirán por concluir una fantasía de reencuentro, por crear historias inverosímiles como creaban en su juventud sostenidos de la almohada. Tratarán de volver a encontrarse pero el encuentro tendrá que ser casual, disimulado y repentino sin que ninguno se vea descubierto en el plan diseñado noches atrás, pero ninguno se encontrará, kilómetros los separan.

Resignados se contentarán con recoger y pegar las fotos rotas que alguna vez endiablados echaron a la basura. La goma será la aliada de la nostalgia mientras el retrato se esté recomponiendo cual rompecabezas. Pero nada tendrá el mismo sentido, en vano humedecerán de gotas esas fotos, ninguna imagen será igual a la real; la acariciarán y luego de besar ese papel colorido entenderán que aquel pedazo de recuerdo es más frío que la estación en que viven sus cuerpos y sobretodo sus agobiadas almas. Sin saber, volverán a romperlo para volver a echarlo al tacho de basura con la categórica decisión de ya no recogerlas jamás. Antes de que se arrepientan la tirarán al primer camión de limpieza para después llorar arrepentidos y acostarse solos otra vez y soñar otra vez y otra vez y otra vez…

Y así levantarse y continuar su vida hasta que uno de los dos asista al entierro del otro, y vuelva a llorar, se haga una cruz en el pecho y en su oración implore que en aquella esperanza llamado cielo, se encuentren.

De regreso a casa la vida será una farsa, esa cama, ese sillón, ese televisor, tu casa. Todo: una farsa. Tú solo en un mundo repleto de soledades.

3 de abril

AZAÑA ORTEGA

miércoles, 19 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009

Rapataré tu boca...

Raptaré tu boca y la tendré como rehén día y noche sentada en bancas blancas y húmedas, se saciará de sed con más sed e imposible será no humedecerse en tazas cansadas. Se privará de los lamentables tributos que cobra el tiempo y no comerá más que estremecimientos y emociones raras sin definición sostenidos en los bolsillos de la cortina roja; alejada, muy alejada de la justicia y la felicidad griega de la medida, arrinconada a orillas del hedonismo, cerquísima a la eutanasia.

Secuestraré tu ropa y la colgaré en mis sueños; en la realidad de las quejas, en la realidad de los zapatos y pasadores despertará desnuda. Tu ropa en mi cordel será el huerto que espera mi cosecha.

Suplicaré tu piel hasta dejarla exhausta tendida en la memoria, cenará agua divina, se hallará inmortal predicando sobre poros e intersticios, una Biblia sin parábolas, un versículo sin profeta, pedazos de pieles que imponen sus nombres en montón de párrafos apócrifos.

Naceré tu alma y no existirá almanaque ni perdón que resucite ni razón que compruebe ni miedo que llore, solo sangre en las palabras, solo vida en el silencio desgatado de lenguaje, entonces, regaré mis ojos mi nariz mis pestañas y mis vellos, mi cansancio mis pómulos mis uñas y mis dedos todos, también la diáfana suciedad de los días, la eterna inmundicia de mi pasado, esa historia sin orejas y mil bocas que sumerge pantalones tierra rencores torpezas y medias, las regaré contigo, en ti. Y todo tendrá el sabor de Uno, de Unidad en lo Múltiple, apenas dos elementos: tú, yo: la manera más tonta de existir pero a la vez la más sensata.

7 de julio
AZAÑA ORTEGA

lunes, 10 de agosto de 2009


-ya que el hombre no puede ser su propio Dios, 
tiene la necesidad de creárselo-

29 / 06 
AZAÑA ORTEGA

jueves, 6 de agosto de 2009

Banderita




Una fecha memorable puede ser obviada y mentirosamente ignorada por mi madre, y el día transcurre de lo más normal. Será por eso que he vivido casi toda mi historia sin que coloquen la bandera roja y blanca en la azotea. Aunque esto no ocurrió siempre. Algún año colocaron la bandera pero esta después se perdió o la utilizaron para limpiar algún objeto sucio. Pero mucho antes de ello, hubo una fiesta patria que luego de marchar en mi colegio de primaria, instalé orgulloso mi banderita. Bajé a mirarla. La vi altiva y distinta, mejor que todas las banderas de tela y parecía que el mundo se había detenido para verla flamear. Percepción bastante subjetiva. A los pocos días cuando regresaba de jugar noté que ya no estaba, su ausencia me pareció una especie de insulto. Subí corriendo y no la encontré en ningún lado de la casa porque estaba en el techo de la vecina. Un furioso aire antipatriota la había lanzado a ese terreno donde también descansaban pelotas cada día más chicas por la fuerza del sol.

No sé qué día descubrí que no fue el aire quien la aventó sino un primo mayor avergonzado de la enana bandera. Más tarde comprendí su vergüenza y cuando la entendí también me ruboricé.

27 de julio
AZAÑA ORTEGA