Si en caso no avanza la canción, clickear aquí: http://youtu.be/bPWscSrLiHA
viernes, 1 de octubre de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
A la medianoche las ilusiones duermen, el cansancio se estira y el silencio se parece más a sí mismo. Afuera apenas se oyen susurros de autos que olvidaron regresar más temprano o tal vez sean noctámbulos que viajan trasladando personas desde su taxi; remotos ladridos de perros sin dueño y de perros que enjaulados están en sus casas; monocordes y agudos pitos que van dejando sin pulmón a algunos centinelas que preparan su siesta de tres de la mañana; ruidos que en el aire se mezclan y llegan confusos advirtiendo que la vida se esconde más allá de las percepciones. La espera de un silencio total en la noche, es vana, parece que no es eso [no ser lo] que está detrás del ruido, sino aquello que se encuentra en las materias incognoscibles. Si de utopías se trata, el silencio es la mayor utopía.
septiembre 2 009
septiembre 2 009
AZaÑa ORTeGa
domingo, 8 de agosto de 2010
Andy y Nelo
5 enero de 2010
Ayer fui a Cine Mark con Andy y Nelo, amigos con quienes hice dos veces promoción, primero en la Cruz Roja y luego en Crhistian Barnard. Vimos Avatar en 3D.
Amigo Andy estudia Ciencias de la comunicación en la Universidad San Martín, se especializa en Publicidad y Marketing, trabaja en una editorial, hace año y dos meses está comprometido, gusta de ver películas en el cine, regala paseos o detalles a su enamorada todos los nueve de cada mes, apoda Rambo o Cuerpodequión por su musculatura amorfa, es el único en su facultad sin laptop, tiene varios proyectos relacionados a su especialidad, tocaba pésimo la guitarra y ahora toca peor.
Llegó de Nuestra Señora del Rosario en segundo de primaria: gordito, chinito, cabezón, cabello corto, trinchudísimo. Se fracturó el brazo jugando en tercero o cuarto al caerse del arco —una cicatriz enorme en su brazo izquierdo lo prueba—, a veces lo disimulaba con una venda, pero hoy en día ya no se avergüenza, incluso lo exhibe como parte de algo especial y cada vez que puede añade más detalles a su historia donde pasa de ser la víctima a héroe. Varias veces nos reunimos en su casa para estudiar o hacer una tarea y terminamos jugando en su techo con empolvadas pelotas o un carro que siempre parecía que se le iba a salir sus ruedas mientras su perro no paraba de ladrar. La clásica.
Nos separamos en sexto de primaria para reencontrarnos en cuarto de secundaria en un colegio que recién fundaban e hicimos nuevamente promoción, Ernesto el Che Guevara (yo propuse el nombre). Terminado el cole algunas veces nos juntamos en algún cumpleaños o en casualidades pactadas. Hubo un momento sin embargo en que nos alejamos totalmente, hasta que el domingo último a las ocho de la mañana, de boleto, lo visité (lo desperté; yo venía de una fiesta de la cual no quiero acordarme). Conversamos casi hasta el mediodía. Me contó, entre otras cosas, que Nelo había llegado y que al siguiente día irían al cine.
Amigo Nelo estudió conmigo desde primero de primaria hasta sexto donde hicimos nuestra promoción María Reiche. Lo más normal o común de él fue su gusto arrebatado por Star Wars. En realidad, nunca fue del todo normal, había en su manera de reírse y de reaccionar algo incongruente que te decía todo y te decía nada. Era de una amistad distinta, algo inexplicable, inefable. Siempre leal, siempre sencillo, siempre el mismo huevón que no quiso serlo —sobre todo con Katy—, siempre el más alto de nuestro salón, el más oscuro, el de cabellos más rebeldes. Siempre mi amigo.
Terminado sexto cada uno se fue a colegios distintos. Hubo intentos de reencuentro: todos fallidos. En quinto sorpresivamente apareció un día con el uniforme azul cielo del colegio. Nos habíamos vuelto a encontrar y compartíamos de nuevo la misma aula (aunque con otros actores y otro escenario, el guion era similar). Se le dio por componer poemitas que obsequiaba o intercambiaba por monedas, pensó estudiar Literatura pero lo que realmente quería ser era arqueólogo, entonces se preparó desde antes de concluir la escuela (primero en Círculo y terminando el cole, en Aduni junto a Andy —allí fortalecieron su amistad—). Sin embargo, no ingresó a San Marcos.
Desilusionado postuló a Senati: ingresó a la primera. Se puso a estudiar Mecánica automotriz con el sueño de luego postular a Arqueología: quería trabajar en algo técnico y rápido para que con ese dinero pudiese pagar la academia y así cumplir su sueño sanmarquino de ser arqueólogo.
Hacía sus prácticas y cursaba el cuarto semestre cuando repitió por inasistencias (Senati es muy estricto, repetir un curso equivale a repetir el semestre entero y, dependiendo la carrera, se puede repetir un curso por un límite de inasistencias o por impuntualidad, ya que te cierran la puerta y es como si no hayas asistido). La última vez que llegó tarde se fue a pasear pensando cómo decir a sus papás que había repetido el ciclo, todos los meses de pago echados a perder. Entró a una Iglesia y la vio tan grande, tan vacía y tan triste que lo deprimió más y sin darse cuenta marcó en él una huella imposible de borrar. A partir de ese momento su vida ya no sería la misma, algo en él había cambiado, para siempre. Fue entonces la primera vez que se atrevió a decirse sin pensarlo «por qué no ser sacerdote».
Como la mayoría de jóvenes (quizá en este tiempo la minoría) se planteó cambiar el mundo. Antes tuvo que sincerarse con sus padres diciéndoles que había repetido. El siguiente ciclo se volvió a matricular a Senati, esto no impidió que continuase asistiendo, sin falta, a su Parroquia. Un día le confesó al cura su inquietud; este, conmovido, le ayudó a solidificarlo como vocación. Cuando le contó a su madre ella dio el grito al cielo: adiós nietos, adiós porvenir, adiós capital senatino: Santo Dios qué había hecho para merecer esto, lloraba la señora, era para no creerlo. Por supuesto, no aceptó.
Amigo Nelo estaba hecho una tristeza andante: ya no cambiaría el mundo porque ni siquiera podía cambiar su vida. En esos días cuando llegó a la Parroquia (allí hizo su confirmación) le dieron la noticia de que un grupo de seminaristas partiría hacia Arequipa a prepararse para el sacerdocio. No lo pensó dos veces y aunque su mamá no aceptase, se escaparía.
Alistó a escondidas sus cosas preparando todo detalle a detalle, pero algo en su conciencia, un hincón en el estómago, no vaya a ser que Dios se enoje, le hizo intentar por última vez con sus padres. Claro, esta vez tampoco su mamá quiso. Tu viejo te tomó la cabeza mientras te iba diciendo que si tu corazón te lo decía que lo hagas, debías pensarlo mucho porque ese camino era muy difícil. Nelo se escaparía de todos modos.
Pero no, Nelo no se escapó. Su mamá lloró mucho en vivo y en directo, tu viejo lo hizo detrás de cámaras. No hubo de otra, Nelo, tus papás tenían que aceptar. Es uno quien decide su camino, los otros no pueden (no deben) imponérnoslo. Entonces te dejaron, te dejaron hacer tu propia ruta, ya habías crecido y no eras el niño que jugaba con cards o que llevó una vez en primaria un calendario al que se le podía pasar la lengua y ver lo que había adentro y por lo cual casi te expulsan.
Amigo Nelo viajó a Arequipa donde ha estudiado filosofía durante dos años.
Mientras vamos a Cine Mark, me cuenta que aún tiene crisis, como cualquiera —aire serio como quien quiere indicar que está madurando—, hasta los mismos sacerdotes las tienen, y peores aún, la cuestión está en resistir, hay que pedirle a Dios, me dice, los que se van del camino son cobardes. Y Nelo no lo es.
Mientras vamos a Cine Mark, me cuenta que aún tiene crisis, como cualquiera —aire serio como quien quiere indicar que está madurando—, hasta los mismos sacerdotes las tienen, y peores aún, la cuestión está en resistir, hay que pedirle a Dios, me dice, los que se van del camino son cobardes. Y Nelo no lo es.
Lo único que le hizo dudar si el camino que elegía era el correcto fue Katy, ilusión de toda su vida. Al principio, en las noches solitarias de seminarista, pensaba mucho en ella, el único pensamiento que aceptaba, lo que más le costaba renunciar. Pero me señala que ahora tiene otro tipo de crisis, aunque no me aclaró cómo o era o de qué se trataba.
Ayer nos vimos y no estábamos muy distintos a como cuando jugábamos en primaria y nos ilusionábamos de una u otra chica. Seguíamos siendo casi los mismos, aunque con anteojos y más huevones. Entonces los tres, Andy, Nelo y yo, ingresamos a la Sala 6. Avatar nos esperaba. Y la vida también.
Ayer nos vimos y no estábamos muy distintos a como cuando jugábamos en primaria y nos ilusionábamos de una u otra chica. Seguíamos siendo casi los mismos, aunque con anteojos y más huevones. Entonces los tres, Andy, Nelo y yo, ingresamos a la Sala 6. Avatar nos esperaba. Y la vida también.
Moizés Azâña
jueves, 29 de julio de 2010
domingo, 25 de julio de 2010
Ya es domingo, visto un buzo beige, un polo suelto y una sandalia azul: implementos que el hombre tiene como protector del frío y del pudor. Solo faltan dos días para festejar la mentira de nuestra independencia y tres para presenciar la marcha de sujetos disfrazados de verde, de blanco, con insignias, galones y quepís, botas brillantes, fusiles y zapatos de charol. Exhibición lastimosa de nuestras fuerzas armadas. Ni siquiera sus trajes les cubre el pudor, solo los tienen como arma de respeto, sin él son nada, como dijo la abuela de Facundo Cabral: «¡qué carajo es un coronel desnudo!».
Julio 2009
Julio 2009
AZAÑA ORTEGA
domingo, 6 de junio de 2010
El dolor de la indiferencia es peor que el de las balas. YUYANAPAQ. Para recordar
Hacer una exposición fotográfica no es fácil. No solo se necesita tiempo, también constancia, porque nunca falta uno u otro percance que interrumpa los entusiasmos y las buenas iniciativas. Esta semana se han expuesto fotografías sobre el conflicto armado iniciado en los ochenta en el interior del Perú. Pudo realizarse gracias a Carolina, Oswaldo e Ivonne, quienes por voluntad propia y sin fines más que los de concientizar, se dieron el trabajo que nadie esperaba sentir en el pasadizo de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de San Marcos. Además de las fotos, también hay citas de escritores y comentarios de alumnos y docentes. A mí me encargaron uno y es justamente el que a continuación expondré.
¿Acaso nacimos para matar? ¿Qué se gana con una muerte? Quizá nos preguntemos dónde está Dios, pregunta vana y sin respuesta. Detengámonos un segundo y reflexionemos sobre el conflicto armado, la lucha interna que no acaba y acontece allí donde tú escondes los ojos.




Una lucha tonta la del pueblo contra el pueblo. Esto no es de ayer, es de siempre. Se dice que inició el diecisiete de mayo, pero nadie puede concebir con exactitud el inicio de este dolor —las lágrimas son esclavas de la tristeza—, lo que sabemos es que todavía continúa y continuará en tanto haya injusticia, en tanto el mundo albergue en su pecho ambiciones inútiles a costa de pisotear la vida de los otros, y que en nombres honoríficos y de Dios matan luego de persignarse y dar oraciones. No se cumple 30 años de que haya empezado, esto principió cuando el desconsuelo y la indiferencia, el mayor de los pecados, empezaron a caminar juntos hasta desequilibrar un largo presente que todavía sufre y se agiganta.
Lo peor no es que haya sucedido, lo peor es que aún vivimos creyendo que nunca sucedió. O lo que es lo mismo: indiferentes como si nunca haya sucedido. Seguimos viviendo de espaldas al dolor. Esta realidad en tanto no nos choque es una realidad extraña y de congoja efímera. ¿Qué hubieras sentido si uno de los desaparecidos hubiera sido tu padre, tu hermano o un amigo? Tal vez como ellos todavía conservarías la esperanza de un día verlos regresar.
mayo 2010AZAÑA ORTEGA
lunes, 24 de mayo de 2010
Crepúsculo de medianoche
Por fin te veo hermosa. Y es demasiado tarde. Es mentira eso de que nunca es tarde, contigo siempre lo ha sido, contigo solo he vivido numerosas canciones sin tocar, fuimos la orilla de un mar que nunca tuvo agua. Hace tiempo que no pienso en ti, hace tiempo que no escribo nada para ti. ¿Acaso alguna vez lo hice?
Cuando leo los renglones que te garabateé, me parecen tan artificiosos que no sé si reírme o sonrojarme, yo no tuve la culpa de esos desvelos, de las palabras rebuscadas, de las frases surgidas del delirio y Es que fuiste tan tierna, tan dramática, tan bonita, tan moralista, tan blancura y tan puntual que yo era la incongruencia en tu vida, la errata del párrafo, la mancha del crepúsculo. Nunca debiste coger la ilusión por los cuellos, jamás debiste asistir a lo sueños del canto, porque aunque a todo Edén le gustaba tu voz, yo no determino aún qué sentía al escucharte; claro que me alegró que me compongas esa canción y que me la cantaras en ese parque anónimo, claro que me embelesó tus besos, tus ojitos marrones, tus manos suaves, blancas y tímidas, claro que me encantó acariciarte la cintura, pellizcarte los cachetes y con mis labios escribir en tus senos que te quiero. Y ahora sé que Fue tonto perderte, pero más tonto fue que hayamos creído en el amor, que hayamos intentado no renunciar a nuestra imperfección y sujetar cielos en busca de soluciones ilusorias, lo mejor era la renuncia inmediata, no dejar que mi agnosticismo interrumpa el sendero e ir en busca de tu fe a reconciliarnos cada uno por su propio camino.
Acostarnos en una oración fue nuestro peor pecado, nuestra mayor impiedad; tu devoción no resistió al vínculo rebelde de lo mortífero y el peligro se incendió en inútil sed de lo eterno. Pero fuimos demasiado mortales, un laberinto de efervescencias que se perdían en la distancia y regresaban imantados en el siguiente verso. Creías según las circunstancias y a veces te daba miedo una llovizna, terror un temblorcito, un pájaro negro; las lágrimas te recordaban todas las antífonas que tus padres te enseñaron, Levítico, Nehemías, Tesalonicenses, la Iglesia de los domingos, las homilías de los almuerzos, pero ya ves, fuimos torpes, unos niños ineducados y sin respeto invadidos de esa ajena curiosidad que se desarrollaban en los instantes perpetuos en que creíamos ser felices.
Acaramelados ya en la inexistencia de la renuncia, en la situación imperecedera, siempre venías, siempre iba, siempre moríamos, siempre el cielo, siempre la cruz, siempre dolía, pero yo, un individuo sin el arte de la batalla, no contuve el golpe que extrapoló nuestra Biblia y erigió su siglo escolástico, nos arrinconó al Apocalipsis, nos abandonó desnudos en medio del caos. Desganado y apático para los vínculos sagrados, todo fue coincidiendo ante la Providencia, y nuestra libertad fue encarcelándose en el mismo destino, un fracaso que espera, la total ausencia de iniciativa, la lamentable aceptación de no ser la pareja ideal. Y quizá eso era lo mejor para los dos, hora de fundar la inescrutable risa de Tántalo, hora de abrir los ojos al imbécil afán de armonizar nuestros mundos diferentes. Creíamos (suponíamos) construir un Aposento y anduvimos edificando el abismo en que tenderíamos la almohada y la sábana para acostarnos hasta extinguirnos.
A lo mejor sí lo sabía, pero jamás intenté comprenderlo, tampoco intenté falsear los instantes (lo único existente entre nosotros), neurasténico mundo de relámpagos, de fuegos, de hielos, de esperas, de tardanzas, la maldad de conocernos, el injusto momento de intentar el corazón. Jamás debiste conocer la guitarra, la composición, el arte, la poesía, ese mundo no era el tuyo, pero te acercaste inocente a descubrirlo en mala época, en malas manos, él amando soledad de inviernos, ella acariciando el do sostenido bajo las sombras de verano, diste el inicio, el resto fue de ambos, visitamos las puertas, abrimos las persianas, nos envenenamos de canciones, las paredes se multiplicaron, los libros se redujeron, las exposiciones se rindieron a nuestras manos, el teatro lo guardamos en nuestros ojos, ambición tonta de conocernos, la maldición del milagro, el principio del calvario. Nos olvidamos de nosotros mismos para estar cada uno en el infierno del otro, cambio de horarios y de epidermis, y tal vez allí empezamos a desquerernos, nuestro tejido no soportó envolverse demasiado en mantas que no eran suyas y un día aparecimos tirados sin cuerpo sin alma y con una lágrima entre los dedos. La renuncia había llegado, cada uno en su cuerpo y con una mochila de caminos. Era lo mejor. Lo era, lo era en esos días, pero ya no lo es hoy.
Ahora, cada noche, antes de acostarme, veo las cuatro paredes y nunca te recuerdo, la distancia que hemos sembrado nos separa tanto que cualquier ensayo de acercamiento nos congela, llegar a ti es llegar metafísicamente al pasado, fácticamente a la aquiescencia verde de la que huyo. Sin embargo, cuando la noche deja de ser noche y se convierte en sueño, en un momento parece que llegas (el alejamiento que nunca acordamos se acorta, lo huelo, puedo columpiarme en él). Llegas callada y fría en busca de almohada y de palabras. Pero yo continúo durmiendo solo contigo mismo.
enero 2010
AZAÑA ORTEGA
domingo, 9 de mayo de 2010
Vida, qué impredecible, pasa tan rápido que todo parece ayer (nunca presente) sujetándose siempre del futuro donde vive nuestra esperanza, la ilusión por progresar y no ser uno más de la muchedumbre, pero lo somos y así moriremos por más que logremos alguna tras-cen-den-cia. Quién recuerda a Renoir, quién conmemora a Hitchcock, quién piensa en Hesíodo, quién habla sobre Diógenes, quién vibra con Armstrong, quién siente a Grieg, quién conoce a Vallejo. Grupos reducidos y casi herméticos, tipos de cigarrillos y de orgullos por una cul-tu-ra aprendida, letrados con inodoros en la cabeza.
El mundo es grande, y de esa grandeza, solo un retazo recuerda a esos hombres inmortales que están muertos (dulce paradoja); los demás ignoran las plumas, los acordes, las pinturas; no son más que célebres desconocidos —por ejemplo Darwin: lo conocen mas no lo leen—, son muy pasado para tenerlos presente, cosas viejas que sirven más de esnobismo que de solución a los problemas. La mayoría está preocupada por el hambre, por la enfermedad, por el colegio, el continuo devenir. Los trapos de la cultura no son fácilmente bienvenidos en las familias, hay tanto por hacer y deshacer como para perder segundos contemplando un cuadro de Dalí o leer una obra de Dostoievski.
abril 2010
AZAÑA ORTEGA
viernes, 30 de abril de 2010
Nunca creí que la muerte fuera tan dura y rápida, y mucho menos presumí que al igual que la vida, la muerte también continúa, prolonga su existencia: florece. Escarba océanos en el alma y, en realidad, jamás muere. La muerte vive, y su existencia duele más que los sufrimientos cotidianos.
mayo 2009
mayo 2009
AZAÑA ORTEGA
domingo, 25 de abril de 2010
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