miércoles, 12 de noviembre de 2008

OJOS CANSADOS


este fue un relato escrito el 2006

publicado en el siguiente blog el 2007, pueden leerlo si desean:

http://jorlandoabantoquevedo.blogspot.com/2007/11/un-relato-para-ustedes.html 

AZAÑA ORTEGA
Moisés

lunes, 3 de noviembre de 2008

LAS CÓLERAS DE AQUILES



Aquiles tiene dos cóleras, la primera tras el rapto a Briseida. La segunda, tras la muerte de Patroclo. Postulo que la primera es puro capricho, y la de Patroclo verdadera y origen del cambio.

Tras el rapto de Briseida, que iba a ser su mujer legítima, no despierta en Aquiles la cólera como tal, sino como un mero capricho alterado por el orgullo y la soberbia, llevando sus quejas a su madre Tetis para que lo vengue.

En cambio, cuando su amado Patroclo muere, vestido con la armadura que él le prestara para que solo asustara a los teucros, recién germina la verdadera cólera del héroe de la Ilíada.

Es la muerte de Patroclo, el fiel compañero a quien aprecia sobre todos los compañeros y tanto como a su propia cabeza, o más, que origina el giro destemplado en la obra. Allí Aquiles deja la cólera aparente, la del capricho, y despierta desde lo hondo la cólera en sí, descargada en un grito tremebundo y su regreso a la batalla.

No obstante de los cantos XIX al XXIV, no están los acontecimientos descritos líneas atrás, sino que, después de que Hefesto haga la nueva armadura (canto XVIII) "una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera que a sus sienes se adaptara y unas grebas de dúctil estaño" solicitada por Tetis, Aquiles vuelve a la batalla, despertando de su largo sopor de soberbia; entonces los teucros regresan a refugiarse en Troya despavoridos por la presencia del hijo de Peleo. A Héctor (quién iba a imaginarlo) se le ve dando vuelta tras vuelta huyendo de Aquiles hasta que, engañado por Atenea en efigie de Deífobo, se presta a luchar contra el rey de los mirmidones y muere, después de ser atravesado con la punta de la pica, por el delicado cuello asomándose a la nuca, y cae en el polvo.


Llora Príamo, llora Hécuba, llora Andrómaca… lloran todos en Troya hasta desgarrarse los cabellos. El príncipe Héctor ha muerto y Troya puede ser derrotada. Se sabe que la Ilíada termina en los funerales de Héctor, lo que no sabían los troyanos es que después vendría Eneas a construir Roma como la nueva Troya  y así dejarnos a nosotros, los latinos, como sucesores de que algún día tendríamos que reescribir nuestro presente para cambiar nuestro pasado.

Setiembre de 2008

AZAÑA ORTEGA, 
Moisés

lunes, 27 de octubre de 2008

ABRAZO


Cabizbajo silba el abrazo
marcha buscando los dedos gruesos que abrazó en vida
viajaron
rasgados por la vida
Cabizbajo el abrazo escribe un recuerdo,
le da color,
lo asalta de jirones,
se sienta con él y
aunque consciente de que solo es un perfume lo que palpa
lo abraza a todo hueso

Del abrazo se desprende sudor
No es sudor
son lágrimas
¿Lágrimas de abrazo?
En efecto
el abrazo llora
se lamenta
se encoge como papel en fuego

 Y yo
desde la sombra del umbral
veo al abrazo
abrazándose a sí mismo

junio 2008
AZAÑA ORTEGA, 
Moisés

sábado, 18 de octubre de 2008

DAME QUE TE DOY V


*
—Paz y amor, hermano.
—Primero págame la deuda, después hablamos de paz.

*
—Hermano, Cristo es el camino, hermano.
—Y la Iglesia te cobra el peaje.

*
—Concédele un minuto de tu tiempo para Dios y Él te dará vida eterna.
—¡Con las justas puedo con esta vida y voy a querer vida eterna!

*
—Entrégate a Dios...
—¡Estás loco!, yo no lo hago gratis.

AZAÑA ORTEGA,
moisés

lunes, 13 de octubre de 2008

DAME QUE TE DOY IV


*
—Yo conozco el Perú de rincón a rincón.
—Preocúpate primero en conocerte a ti mismo, imbécil.

*
—Yo chupo hasta morir porque soy el hombre de acero.
—El acero también se oxida.

*
—Por fin siento que la vida es bella.
—¡Ya lanzaste?

*
—Yo quisiera morir una vez que haya cumplido todas mis metas.
—Al paso que vas, serás inmortal.


AZAÑA ORTEGA
moisés

sábado, 11 de octubre de 2008

DAME QUE TE DOY III


Sobre el amor y otras ficciones

*
—Sin ella, mi vida no tiene sentido.
—Consíguete una brújula.

*
—Sabes, he esperado toda mi vida en… en decirte, este,… sabes, este, no sé… Tú, este, yo, este… Estoy, este, enamorado de ti.
—¿Tanto para eso? Perdón, pero esa estupidez díselo a otra, a mí cómprame ropa.

*
—Por fin me dijo que sí.
—¡Feliz día de los inocentes!

*
—Te amo, eres el amor de mi vida…
—Ahora paga la cuenta.


AZAÑA ORTEGA,
moisés

viernes, 10 de octubre de 2008

DAME QUE TE DOY II


Sobre la escritura y otros malos inventos

*
—Quisiera ser un gran escritor.
—Pero si ni has acabado El Quijote.

*
—Puta, tú para escribir consumes hierba, ¿no, huevón?
—Es un gran alimento, si los rumiantes lo consumen y están gorditos.

*
—La novela que más me ha gustado es… el de, cómo se llama, pera’, está en la punta de mi lengua, este, ese, pues, cómo se llama,… ¡el que al final se casan!
—No te he preguntado sobre telenovelas mexicanas.

*
—¡La poesía se escribe con la pinga!
—Escribe con la mía.


AZAÑA ORTEGA

jueves, 9 de octubre de 2008

DAME QUE TE DOY I


Ironías de la vida

*
—Voy a comprarme un auto,
—Qué, ¿piensas taxear?

*
—Compadre, estás invitado a mi boda.
—¿Cuándo nace tu hijo?

*
—¿Quién era esa flaca tan fea, ah?
—Pronto serás mi cuñado.

*
—¿Sabías?, Julito va a tener un hijo.
—Si es estéril.

AZAÑA ORTEGA
Moisés

miércoles, 8 de octubre de 2008

ADVERTENCIA O POR QUÉ NO USAR ANTEOJOS

Poseer anteojos por miopía es lo peor que te puede ocurrir. ¿Por qué? Ahí va:

1. No faltan los pesados que te piden tus anteojos «un ratito nomás». ¡Qué espesos!

2. En casa ajena. Te sirven un café calientito: todo el humo opaca las lunas, y tienes que esperar luengos segundos para que la normalidad se instale en tus ojos.

3. Llovizna en Lima —lástima que los anteojos no tengan parabrisas—: obstaculiza tu visión, procedes a sacar el trapito, papel higiénico, tu polo o lo que sea, para secarlos cada minuto.

4. Estás en la universidad. Cada vez que te quieres lavar, o simplemente mojar el rostro, estás obligado a quitártelos.

5. Estás sumamente apurado. Solo hay tiempo para cambiarte de polo, pero antes debes quitarte los anteojos, y una vez puesto el polo, volvértelos a colocar las patitas en las orejas.

6. Si eres desordenado, mejor no tenerlos. Cita para ir al cine. «Estoy seguro que los dejé aquí». Cuando los has encontrado, ya es tarde. Perdiste la cita, y más.

7. Una joven atractiva sube en dirección a la biblioteca. Con el solo movimiento de pupilas quien no los utiliza puede inclinar la mirada hacia arriba, pero quien los usa ha de mover, además de los ojos, la cabeza entera dependiendo el ángulo de inclinación, un movimiento maquinal, vergonzoso. Alzas la cabeza, arriba más arriba, para mirarla y ella —qué casualidad— gira también: ve aquella cara de estúpido que en ti ha permutado tras girar de tal modo.

8. Es verano. Una ducha diaria es poco, pero cada vez que te quieres bañar has de quitártelos.

9. Cuando estás besando si solo uno los usa, es posible dar uno melifluo sin incomodidad. El problema es cuando ambos los utilizan. Están besándose y los benditos anteojos se chocan y ese sonido irrumpe el retozo de lenguas.

10. Menos mal que hoy el uso de anteojos cada vez es más común, sino sería más fácil molestar para los sujetos que no pierden oportunidad en incomodar. Hoy la joda es disimulada, solapa te dicen «ahora tienes pinta de intelectual», que en verdad quiere decir «ahora tienes cara de cojudo».


La yapa:

11. Llegas a tu casa, sea después del trabajo, después de estudiar, después de pasear... cansado, hasta las patas, sin fuerzas ni para comer; lo primero que apeteces es tirarte a descansar, como caigas. Sin embargo, lo primero que necesitas hacer to-dos-los-dí-as, obligatoriamente, religiosamente, es quitarte los anteojos, y al levantarte, volvértelos a colocar. (Yo, varias veces, me he olvidado quitármelos, por ello mis anteojos se ponen chuecos o se rompen. No me pregunten ya cuántos he debido mandarlos a arreglar o cuántos nuevos he necesitado comprarme. Y tampoco pregunten lo aparatoso que podría resultar si llegas a un cuarto ajeno con tu pareja).

 

Estos solo han sido algunos motivos por los cuales hay que evitar utilizarlos, como sea. Son muchos más, la lista es larga.


AZAÑA ORTEGA, 
Moisés

viernes, 22 de agosto de 2008

NO ESPEREMOS SOLO EL SEGUNDO DOMINGO DE MAYO



MADRE... Hay una, y son todas. Hermoso cuadro. Desde que abrimos los ojos la tenemos. Ella nos carga con sus brazos con la edad de la experiencia. Mueve nuestros primeros pasos. Nos caemos, ella nos levanta. Siempre está a nuestro lado, en las malas y en las buenas, fiel al amor y a los dolores. El amor que tanta falta hace en el mundo. Pero no todos tenemos el lujo de tenerla.

 Al igual que la vela encendida se apaga, al igual que la claridad del día se desvanece: todo decae —de picada mortal o de maquillada parsimonia— en el mismo círculo que en un punto u otro, caeremos todos. Al final, el final logra su final.

La vida no rompe una regla: todo viene y se retira.Todos los que tenemos la fortuna de tenerla, querámosla más cada segundo. Ella no quiere que le llevemos un ramo de flores para que adorne su muerte en la fría tumba, solo los actos que se dan en la vida sirven y ayudan, no después.  Su día es nuestro, nuestro día es suyo. ¿Acaso ya nos olvidamos de quién nos limpiaba el trasero cuando pequeño?, ¿quién nos ayudó hacer las muchas labores inverosímiles? Ella nos resondra, porque nos quiere. Nos mima, nos adhiere aquel afecto genuino, como nadie más.

A nuestra madre, homenaje todos los días.

Todos los días, recalco.


diciembre 2007

Moisés AZAÑA ORTEGA

jueves, 21 de agosto de 2008

MEMORIAS DE MIS PUTAS TRISTES


No es un amor cualquiera el que se desprende de la novela Memorias de mis putas tristes del escritor latinoamericano Gabriel García Márquez, sino un amor tardío y puro con el que juega el tiempo de tener el último refugio. No, puro no, erótico.

Las malas treguas, el celo abstruso, las tiranas ambiciones de una carne tierna y el olor de la misma sangre que pintó su juventud es la que ve don Sabio para sí en un amor incontenible, confundiendo la vejez en un amor adolescente de febril paroxismo.

La lujuria forma un juego sutil en el que García Márquez embriaga los enlaces para dar al lector la suma de una novela corta de lámina hechicera. Solo tenerla, aunque sea un segundo, y se adentrará en la fragancia mancomunada con la soledad y la pobreza del protagonista que en su nonagenario destapa el añejo tonel de un tierna lujuria, segmento por segmento, como parte del color vespertino que ya habita en sus pasos.

Pueden leerla. 
Sin embargo, no es su mejor obra ni de las mejores.

(Escrito el 2007)

AZAÑA ORTEGA, Moisés