jueves, 14 de enero de 2010

Haití y la hipocresía*


Quise escribir con respecto a los hechos funestos acaecidos en el pequeño país de Haití, pero al medio día me encontré con las líneas siguientes y supe de inmediato que ya no escribiría.

Todo el mundo habla ahora de Haití.
Claro, su terremoto llama la atención. Sus casas destruidas son fotogénicas, su palacio presidencial en escombros es espectacular, sus negros quejumbrosos tienen buena voz.
Y, además, están los aviones y las tropas de Obama, aviones y tropas que Haití conoce muy bien en otras circunstancias nada telúricas.
Y los socorristas de todos los países, que llegan de todas partes con su humanitarismo en ristre y sus perros especialistas en distinguir a vivos de muertos. Con eso y los ayes de los sobrevivientes se harán los noticieros de los próximos días.
Porque Haití puede haber sido semidestruido, pero con sus ruinas se harán periódicos y televisiones. Siempre hay un lado bueno en las desgracias.
Porque Haití ahora sí que es noticia.
Gracias a lo que el periodismo de entrecasa llama “las fuerzas de la naturaleza”, Haití es hoy noticia.
Ha necesitado un terremotazo de grado 7 y con epicentro a 15 kilómetros de Puerto Príncipe para volver a ser noticia.
Digamos que Haití ha pagado el peaje tarifario para ser noticia: miles de muertos, miles de viviendas y edificios en el suelo, gente aturdida por doquier, réplicas que no parecen acabar, una polvareda humeante que amenaza su cielo siempre azul.

Pero este país espectral que ahora se luce en las pantallas de cristal líquido es el mismo de siempre: 400 dólares de ingreso anual per cápita, más de nueve millones de habitantes sobre una superficie de apenas 27,000 kilómetros cuadrados, 50 por ciento de analfabetismo, una derecha presocrática empeñada en brutalizar a quien se atreva a intentar cambiar las cosas.
Hundido en la pobreza extrema y crónica, demostración plena de que hay países inviables, Haití es, más allá de males propios, el producto degenerado de años de intervencionismo militar estadounidense.
Estados Unidos lo tuvo bajo la bota de su imperio desde 1915 hasta 1934. No parecía ese un destino muy justo para un país que Francia había inventado como fábrica de esclavos desde el año 1697, tras arrebatarle a España parte del territorio colonial de la isla La Española, y que en una gesta sin precedentes, había sido liberado gracias a una guerra liderada por dos esclavos que terminaron derrotando a los franceses el 1 de enero de 1804, el año de su precoz independencia.
Esos dos Espartacos exitosos, esos dos gigantes de la epopeya anticolonial en el Caribe se llamaron Toussaint-Louverture –que moriría en Francia vejado y torturado- y su discípulo Jean Jacques Dessalines, que aplastó a las tropas imperiales francesas en la decisiva batalla de Vertierres.
Quizá los problemas de Haití empezaron cuando Dessalines, el primer guerrillero heroico de América Latina, se proclamó, para sorpresa de muchos, emperador. La trayectoria circular pudo empezar en ese momento.
Papá Doc, esa bestia sanguinaria y rapaz que se proclamó “Presidente Vitalicio” a partir de su elección en 1957, fue un ahijado de Washington. Y lo fue también su hijito y sucesor Jean Claude, el llamado Baby Doc.

Cuando eso ya no pudo sostenerse, entonces vinieron las elecciones supervisadas internacionalmente.
Y cuando las elecciones encumbraron a Jean Bertrand Aristide, un curita respondón y de izquierdas, entonces Washington frunció el ceño.
Pero Aristide no hizo mucho por justificar su fama de cura salesiano expulsado de la Orden por subversivo. De modo que Washington lo toleró.
Lo toleró tanto que hasta ayudó a reponerlo en la silla presidencial tras haber sido depuesto por el golpe del general Raoul Cédras.
Fue en el segundo mandato constitucional de Aristide cuando las cosas se pusieron feas.
Aristide restableció relaciones con Cuba, se acercó a la Venezuela de Chávez y propuso algunas tímidas reformas.
Estados Unidos respondió como siempre, aunque esta vez el golpe de Estado fue encubierto y tuvo una pincelada de sofisticación: en febrero del 2004 Aristide se vio obligado “a renunciar a su cargo” y fue embarcado en un avión bajo la vigilancia de una misión multinacional. Se exilió en la República Centroafricana y, más tarde, en Sudáfrica.
Ayer Aristide, lamentando la tragedia de su país por lo del terremoto, reiteró lo que todos sabíamos: que Estados Unidos estuvo detrás de su derrocamiento y que aquella “renuncia” fue una farsa.
Pero ese es el Haití que no es noticia.

Porque ni la violencia imperial ni el hambre ni la miseria como norma ni la corrupción como endemia ni el dolor silencioso de los miserables son noticia.
¿Haití ha sido destruido por un terremoto?
No lo creo.
Haití vive en estado de cataclismo institucional y nadie dice nada.

*Por César Hildebrandt. Publicado hoy en el Diario La Primera.

domingo, 10 de enero de 2010

Retratos

Había otra razón, no aceptaba la solicitud, además, porque prefería mantener en anonimato los colores y las formas precisas de las que estaba (está) compuesta. Había como que un encanto disímil e inexplicable, una rara fascinación por algo similar a lo metafísico y a lo remoto, una imagen construida a partir de palabras y no de la vanidosa huella de una cámara. Confieso que al mirar sus retratos, en primer lugar me ha parecido que la he visto en algún sitio pero nada exacto, como si haya llegado y con la misma se haya ido. Entonces más que el vestigio o la impresión que pudo quedarme tendría la sensación, la he buscado y ha sido infructuosa, me he sentido mal, sobre todo porque al desaparecer esa supuesta primera sensación donde la veía viva, la ha reemplazado esta nueva donde está quieta, desamparada a la crueldad del momento, muertamente viva, vivamente muerta… Lo sentido no fue lo ideal.

Hubo una donde me ha transmitido temor, no hablo del aspecto físico, sino de cierto gesto inconsciente del instante en que fue tomada, captó un segundo donde los movimientos faciales no fueron de los más sublimes, entonces me he visto transportado a cierto desorden o miedo, no, no es miedo, es otra cosa a la que no encuentro nombre, una textura disuelta en el aire, una partícula que desdeña momentos, alguna señal inconclusa que no logro representar y lo llamo cojudamente miedo. Ha habido otras donde encuentro manchas de tristeza, una tristeza acumulada a pesar de cualquier sonrisa, como si aquella mueca risueña solo serviría de amparo ante la gravedad, como una batalla que a pesar de ganada siempre recuerda a sus caídos, un aspecto taciturno de llorar mucho por trivialidades que se agigantan con el reloj y con los recuerdos (tontamente), había al mismo tiempo un aire de sensibilidad errónea o a lo mejor sensibilidad que no ha sido del todo descubierta o destapada por el latente temor a las heridas. No hay duda de que existe una extraña belleza, pero también un acertijo o laberinto para ingresar a ella, como que si el encanto no estuviese allí en esa quietud inmortal, sino en la oscilación del tiempo o en la imperfección de los días.
AZAÑA ORTEGA

jueves, 7 de enero de 2010

La inconsciencia del hábito

Cada noche, cuando llega la hora de dormir, cierro las ventanas y la cortina, y antes de acostarme abro un libro o escribo o veo una película (últimamente muy pocas veces toco la guitarra). Generalmente al costado derecho de mi cortina queda un poco entreabierto, volteo, y está cerrado, en realidad es el presentimiento de que hay un agujero por el que se penetra la oscuridad, entonces ese voltear es necesario, urgente, si no lo hago es casi imposible concentrarme. Mala costumbre adquirida en días inconscientes y recién me percato. Cómo son los hábitos, van formándose mientras uno se ocupa de otras cosas y el día menos pensado ya lo tenemos cargado en nuestra vida como parte de alguna solución que no se buscaba o como otro problema más.

AZAÑA ORTEGA

jueves, 31 de diciembre de 2009

¿Y la Navidad?

Ha pasado menos de una semana y ya se han olvidado de su amor cristiano por la Navidad. Ahora piensan en el muñeco y en la juerga de Año Nuevo.

La Navidad se ha prostituido. Va perdiendo el significado primigenio (o ya lo ha perdido) para convertirse en la Casa de Papa Noel. Son pocos los que celebran en verdad el Nacimiento de Jesucristo o, al menos, como acto simbólico de paz y de amor. Colmamos un mundo donde interesan más los regalos, los arbolitos, las luces, los artefactos pirotécnicos, los panetones, el pavo… que el real sentimiento fraterno. Nuestro individualismo nos mata, y contribuye a esta Navidad sin corazón.

Para mí diciembre siempre ha sido un mes demasiado triste. A pesar de tantos adornos en las casas, y tantos buenos deseos automáticos que expresan las radios, las televisoras y los amigos, en estos días ocurren más accidentes que en todo el año, más buses caen a los precipicios, hay más niños calcinados, mayor explotación en los súper mercados y en las empresas, más caos, más casas huachafas llenas de luces musicales, más propagandas que nos dicen que solo uno será feliz si compramos tal o cual cosa, mayor consumo de electricidad (¿y el calentamiento global?, ¿y el cuidado de la Tierra?), mayor solidaridad interesada colmadas de bondades mentirosas, más taxis, más combis y más ladrones en las avenidas… En suma, más muertos despedazados, mayor desorden y las diferencias sociales son mucho más notorias.

La Navidad en estos tiempos se ha constituido en una fiesta pomposa celebrada por el que puja y se las gana, y también por aquel que no puja pero igual gana. En realidad Navidad es, como escribí el 2007, el Día de todos los centros de venta. El Día de Papa Noel, aunque este ya no obsequia ilusiones, las impone. Y los niños se ilusionan y exigen a sus padres juguetes y ropas cuando en muchas casas no hay siquiera para un buen alimento y comer panetón es un lujo. Los que no tienen, no ingresan a este Club de la falsa alegría. Quedan excluidos, como siempre, y, paradójicamente, son los que más van a las Iglesias y oran a un Dios que se ha olvidado de ellos.

Pero a pesar de todo —como escribí en un saludo—, no debemos dejar que la Navidad se convierta sólo en Papá Noel, sus renos, los arbolitos, panetón y los regalos. Contribuyamos a que sea más que un mero juego de niños pequeños y de niños adultos. Feliz Navidad, pero que este «feliz» no solo sea simple saludo de compromiso, vívanlo. Hora de meditar si algo está yendo mal, ver la raíz y tratar de enmendarlo. Hora de ser auto crítico, observar nuestros propios errores e ir tajándolos. Retos, todos los días.

Felicidades.


AZAÑA ORTEGA

domingo, 20 de diciembre de 2009

-Si Dios o Alguien nos pagase por vivir, 
nuestra vida sería menos desdichada pero también menos sabrosa-

Agosto 2009
AZAÑA ORTEGA

sábado, 12 de diciembre de 2009

La defensa de la vida


Por César Vallejo*

Yo no puedo consentir que la Sinfonía Pastoral valga más que mi pequeño sobrino de 5 años llamado Helí. Yo no puedo tolerar que Los hermanos Karamazof valgan más que el portero de mi casa, viejo, pobre y bruto. Yo no puedo tolerar que los arlequines de Picasso valgan más que el dedo meñique del más malvado de los criminales de la tierra. Antes que el arte la vida. Esto debe repetirse hoy mejor que jamás, hoy que los escritores, músicos y pintores se las arreglan para evadir la vida a todo trance. Conozco a más de un poeta moderno que suele encerrarse en su gabinete y sacar de allí versos desconcertantes de ingeniosidad, ritmos habilísimos, frases en que la fantasía llega a espasmos formidables. ¿Su vida? La vida de este poeta se reduce a dormir hasta las dos de la tarde; levantarse, sin la menor preocupación, o, a lo más, bostezando de tranquilidad y aburrimiento y ponerse a almorzar con buenos cigarros hasta las 4 de la tarde; leer luego los periódicos y volver a su cuarto a forjar sus versos ultramodernos, hasta que vuelve a tener hambre a las 8 de la noche. A las 10 de la noche está en un café de artistas, comentando regocijadamente los dichos y hechos de los amigos y colegas y a la una de la mañana torna a su cuarto, a forjar nuevos versos asombrosos, hasta las 6 de la mañana, en que se queda dormido. De una existencia tal sale, como he dicho, una obra plena de imaginación, rebosante de técnica, deslumbrante de metáforas e imágenes. Pero, de esa misma suerte de existencia no sale más; de allí no puede salir más que una gran técnica en el verso y una suma y sutil habilidad de composición. En cuanto a contenido vital, nada.

*Fragmento del artículo que escribió en París el año 1926 para la revista El Norte.

lunes, 7 de diciembre de 2009

EmEn

I
Yo también soy eso, esa carga de dudas, esa carga de silencio, de amarguras, de nostalgias. También soy lo que no quieres ver de mí, la fragilidad, la doble indecisión... Soy eso y soy lo contrario. Una vela que se apaga, un foco que se enciende, un par de zapatos rotos, una docena de camisas parecidas, un Marlboro fumado a medias, cafés de madrugada, anises por la tarde. Una desarrapada ilusión que se marchita y nunca muere, cuatro sacos de hambres, un libro aburrido que muere en el prólogo y resucita en epígrafes. Un corazón que extraña, un corazón que ve a mamá por las noches (dormida) e inusitadamente se entristece. La carestía apellidada, una victoria que nunca llega, la guerra inacabable por encontrarme, la mísera resignación de haber nacido humano.

II
No soy a quien puedas amar. Ayer soy, mañana no soy, y hoy dudo si alguna vez en realidad he sido. Y tú buscas ese algo ideal, aquel rasgo estable que te lleve de la mano y alce la frente cuando camina. Porque puedo estar bien y puedo estar mal y mi expresión no te dice nada, porque puedo amar a la pared del cuarto de papá, a la escalera de madera que nunca hizo, a las piedras, hojas secas y plumas que guardo en el escritorio, al olor de eucalipto y hasta el peor libro que he leído. Porque no soy lo indicado ni dejaré de ser la decepción que hipócritamente saludas en esos encuentros sin paraíso.


Noviembre 2009
Moizés AZAÑA ORTEGA

lunes, 30 de noviembre de 2009

sábado, 21 de noviembre de 2009

Me he sentado a mirarte desde mi techo, tus aguas no parecen azules, sino amarilla extensión del Sol frágil y solitario que cosquillea a las cinco y cuarenta y dos de la tarde. Mientras te ilumina suave y mariconamente y unos barcos desarman tu tranquilidad, me pregunto si en verdad vale la pena vivir, si vale la pena despertarse y persistir en esta rutina idiota que contamina, si es indispensable continuar en la universidad, si es preciso y correcto sufrir ilusiones creyendo que se está ante el amor de nuestra vida, si es imprescindible conversar futilidades largamente para exorcizar la mierda que crucifica. Me pregunto, en fin, si vale la pena morir por esta vida.

Quizá lo único que me mantiene es ver el rostro de mamá, pensar en papá y contemplar este mar que flamea.


AZAÑA ORTEGA

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La melancolía es la dicha de estar tristeVíctor Hugo

Cuando uno está encerrado en sus cuatro paredes se pierde de mucho. Vive engañado de verdades que inventa y la realidad se separa históricamente por renglones y no por los días. Salí al balcón, la llovizna caía suave, la neblina entristecía a cualquiera, el girasol agachado miraba el suelo, me daba la espalda (me ignoraba) y las personas que transcurrían por la noche parecía que llevaban en su espalda una cruz pero muy distinta a la de Cristo. Era una cruz creada por sufrimientos sacados de la televisión y no de la vida, me recordaba mucho a los pedazos de tripley cargado por un amigo cuando hizo de Jesucristo, o sea todos ellos me parecían un teatro, tan mentira, tan apariencia pero esforzándose asemejarse lo más posible a eso que llamamos vida que los sentí muy repugnantes: destruyeron el paisaje triste que trataba de instalar en la garúa.

Entonces la frase de este epígrafe se fue al diablo.

julio 09
AZAÑA ORTEGA

viernes, 13 de noviembre de 2009


porque ya hemos crecido y ahora nos toca ir doblándonos, 
descender, 
agacharnos hasta que un día nuestra involución se torne un bulto inorgánico-

Abril 09
AZAÑA ORTEGA

viernes, 30 de octubre de 2009

Todos los días camino, avanzo, leo, trato de ficcionar que he aprendido o estoy aprendiendo y sin embargo me parece que continúo en la primera página, que lo leído no ha sido ni siquiera el prólogo, que apenas soy la idea de un libro que aún no se ha escrito y que quizá jamás se escriba.

setiembre 09

AZAÑA ORTEGA