Mario Vargas Llosa habla sobre literatura, política y creación artística. A sus 72 años, sigue cosechando premios, creando, imaginando. Y opinando con fuerza y sin pelos en el verbo.
Acaba de ser incluido, por la prestigiosa revista Foreign Policy, en la lista de los 100 intelectuales más destacados del mundo. Días antes, a comienzos de junio, recibió en París el premio de la Fundación Simone y Cino del Duca. También recientemente, el gobierno francés lo condecoró con la Orden de las Artes y las Letras, en el grado de Comendador. Para el autor de Conversación en la Catedral, sin embargo, el mejor premio sigue siendo la literatura, el disfrute del proceso creativo, la aventura de la imaginación. La pasión por las letras fluye en sus palabras.
Entiendo que lo que más te gusta no es escribir, sino re-escribir.Ah, es lo que más me gusta. La primera versión de un texto me cuesta muchísimo trabajo, escribo con una enorme inseguridad, con el terror-pánico de que aquello nunca llegue a ser la historia que yo quiero escribir. Hasta que termino ese borrador, ese magma. Entonces todo cambia y empiezo a pasarla bien, a divertirme. Ya tengo la seguridad de que la obra está allí y que depende de mí rescatarla de toda esa hojarasca. Allí puedo trabajar muchas horas, con mucho entusiasmo. Ese es el gran placer para mí: reescribir.
Digamos que la primera parte es de artesano y la segunda de emperador.Es una buena definición. En la primera parte no tengo una visión clara, cabal. Tengo ideas, pero la historia es todavía una nebulosa. Cuando, por fin, tengo ese magma, que es siempre muy caótico, ya estoy seguro de que la historia está enterrada allá dentro. Y entonces se trata de irla desenterrando poco a poco.
Son como esas esculturas de Miguel Ángel a medio terminar, que están en un museo de Florencia.En cierta forma sí, pero con una diferencia. Los materiales de una escultura están allí, ya los tienes. En cambio, en literatura, esos materiales yo los trabajo también. Por eso es que, en todo lo que escribo, hago primero un recojo de documentación, leo mucho. Viajo incluso a los lugares donde va a ocurrir la historia. Procuro familiarizarme con el entorno, la época. Pero no con la idea de la fidelidad histórica, en absoluto. No. Es con la idea de sentir, digamos, esa integración con el ambiente, el medio, los personajes, la manera de hablar. Eso me va sugiriendo imágenes, situaciones, personajes.
¿Las historias te escogen a ti o tú las escoges?Bueno, yo creo que uno no es tan libre como le gustaría a la hora de elegir las historias. Uno no dice, bueno, yo voy a escribir sobre estos temas. No, no. Solo algunas cosas que me ocurren me remiten a algún núcleo muy secreto de experiencias que, a su vez, tienen que ver con lo más íntimo de mi personalidad.
Digamos que en eso no se puede ser tan liberal.No, en eso no. Los liberales lo que quisieran es que, sobre todo, la vida política, social o económica no escapen de la racionalidad. Pero un escritor que no quisiera escapar de la racionalidad estaría condenado a ser muy mal escritor. Yo creo que uno escribe no solo con su razón, sus ideas, sino con sus instintos, con sus pasiones.
A propósito del liberalismo, ¿no crees que su ascenso ha sido una gran verdad en la que ha habido grandes mentiras?Bueno, en el liberalismo, como en toda doctrina, hay variantes, que tienen que ver con las variantes humanas. Si tú has asistido alguna vez a un encuentro de liberales, vas a ver que las diferencias son muchísimo mayores que las coincidencias. En eso los liberales nos parecemos a los trostkistas. Tenemos una voluntad de divisionismo que parece genética.
¿No te incomoda eso a veces?No, porque no es una iglesia, es una doctrina muy abierta, en la que a partir de ciertas ideas básicas, como la libertad como fuente indivisible del progreso humano, todo lo demás son variantes. Pero hay fanáticos del liberalismo. La idea de que puede haber un progreso que puede estar montado, enteramente, sobre la libertad de mercado me parece una aberración, tan grande como la de los marxistas, que creen que la economía es el fundamento de la historia.
Hay liberales que aceptan el mercado, pero no la libertad política.Ningún liberal admitiría semejante barbaridad.
Algunos lo hacen.Bueno, no son liberales. No puede haber libertad económica sin libertad política, sin libertad social. La libertad es una sola y debe operar simultáneamente en todos los campos. La libertad significa que una sociedad debe ir impulsando progresivamente la libertad individual, la autonomía del individuo, para que pueda realizar sus anhelos e ideales en todos los campos: económico, cultural, social, religioso, sexual. Ahora, que haya caricaturas liberales, las hay. El partido de Somoza, en Nicaragua, se llamaba Partido Liberal. El partido de Georg Haider en Austria, que es un nazi, se llamaba Partido Liberal.
¿Qué hay en el animal político que lo hace tan díscolo?Hay una cierta abdicación de la libertad. La libertad es una cosa muy hermosa, pero también significa una enorme responsabilidad y un enorme vacío. Ser libre es estar tomando decisiones todo el tiempo y eso es algo que contradice profundamente una cierta condición humana. Por eso tantos seres humanos abdican y entregan a otros la facultad de tomar las decisiones fundamentales de su vida. A un dictador, a un tirano, a un caudillo. Todos los movimientos totalitarios significan eso: la abdicación del individuo ante un jefe o una inteligencia. Ese miedo a la libertad, en países como los nuestros, está profundamente arraigado.
Se abdica ante el partido, ante un líder, ante el mercado...La doctrina liberal no admite la abdicación de la libertad. Es la asunción de la responsabilidad. Somos libres porque queremos tomar responsabilidades y no queremos que otros organicen nuestras vidas. Ahora, hay una cosa muy importante: la doctrina liberal no acepta que el mundo político ocupe toda la vida. Defiende siempre, como un derecho humano fundamental, el respeto a la soberanía individual. Que haya un espacio en mi vida en el que nadie tenga derecho a intervenir. Ni el Estado, ni la Iglesia.
Esta frase tuya, reciente, me conmovió mucho: "me enfurece el egoísmo y la ceguera de los sectores privilegiados" (1).Eso pasa muchísimo en los países subdesarrollados, que en gran parte lo son por ello. Han tenido unas clases dirigentes muy ciegas frente a sus responsabilidades. Tuvieron un poder que no merecían y lo usaron para construir privilegios, que marginaban a grandes mayorías dentro de sus sociedades. El resultado son países a medio hacer, como el nuestro. En el caso del Perú, hay una responsabilidad enorme de las clases dirigentes. Fueron clases que abdicaron de su responsabilidad, confiaron muchas veces la dirección del país a dictadores militares semianalfabetos, simplemente porque servían a sus intereses.
¿Estás pensando en Odría y en Cayo Mierda (2)?Sí, pues, imagínate. Yo, por haber nacido en el año 1936, he vivido mucho más en dictaduras que en gobiernos democráticos. Y creo que para la mayor parte de los países de América Latina se puede decir lo mismo. Han vivido más tiempo en su vida bajo regímenes autoritarios.
¿Nos falta entusiasmo democrático a los peruanos?Hay que estimular a los peruanos a que asuman sus responsabilidades. Hay países que han avanzado mucho, como Chile, que por eso progresa tan rápido. Tenemos que comprometernos a actuar si es que queremos salir del pozo. Tenemos que estar movilizados, para reemplazar al gran paquidermo, que es el Estado, como el motor de la transformación y del cambio.
(1)Respuesta a Pedro Salinas en el libro Rajes del Oficio 2.(2)'Cayo Mierda' es un personaje de Conversación en la Catedral, cuyo modelo fue Alejandro Esparza Zañartu, esbirro y ministro de Gobierno de Manuel A. Odría.
Escrito por Ramiro Escobar en el diario Perú 21 de hoy.
domingo, 13 de julio de 2008
Mario Vargas Llosa: "La libertad es una sola"

Mario Vargas Llosa habla sobre literatura, política y creación artística. A sus 72 años, sigue cosechando premios, creando, imaginando. Y opinando con fuerza y sin pelos en el verbo.
Acaba de ser incluido, por la prestigiosa revista Foreign Policy, en la lista de los 100 intelectuales más destacados del mundo. Días antes, a comienzos de junio, recibió en París el premio de la Fundación Simone y Cino del Duca. También recientemente, el gobierno francés lo condecoró con la Orden de las Artes y las Letras, en el grado de Comendador. Para el autor de Conversación en la Catedral, sin embargo, el mejor premio sigue siendo la literatura, el disfrute del proceso creativo, la aventura de la imaginación. La pasión por las letras fluye en sus palabras.
Entiendo que lo que más te gusta no es escribir, sino re-escribir.Ah, es lo que más me gusta. La primera versión de un texto me cuesta muchísimo trabajo, escribo con una enorme inseguridad, con el terror-pánico de que aquello nunca llegue a ser la historia que yo quiero escribir. Hasta que termino ese borrador, ese magma. Entonces todo cambia y empiezo a pasarla bien, a divertirme. Ya tengo la seguridad de que la obra está allí y que depende de mí rescatarla de toda esa hojarasca. Allí puedo trabajar muchas horas, con mucho entusiasmo. Ese es el gran placer para mí: reescribir.
Digamos que la primera parte es de artesano y la segunda de emperador.Es una buena definición. En la primera parte no tengo una visión clara, cabal. Tengo ideas, pero la historia es todavía una nebulosa. Cuando, por fin, tengo ese magma, que es siempre muy caótico, ya estoy seguro de que la historia está enterrada allá dentro. Y entonces se trata de irla desenterrando poco a poco.
Son como esas esculturas de Miguel Ángel a medio terminar, que están en un museo de Florencia.En cierta forma sí, pero con una diferencia. Los materiales de una escultura están allí, ya los tienes. En cambio, en literatura, esos materiales yo los trabajo también. Por eso es que, en todo lo que escribo, hago primero un recojo de documentación, leo mucho. Viajo incluso a los lugares donde va a ocurrir la historia. Procuro familiarizarme con el entorno, la época. Pero no con la idea de la fidelidad histórica, en absoluto. No. Es con la idea de sentir, digamos, esa integración con el ambiente, el medio, los personajes, la manera de hablar. Eso me va sugiriendo imágenes, situaciones, personajes.
¿Las historias te escogen a ti o tú las escoges?Bueno, yo creo que uno no es tan libre como le gustaría a la hora de elegir las historias. Uno no dice, bueno, yo voy a escribir sobre estos temas. No, no. Solo algunas cosas que me ocurren me remiten a algún núcleo muy secreto de experiencias que, a su vez, tienen que ver con lo más íntimo de mi personalidad.
Digamos que en eso no se puede ser tan liberal.No, en eso no. Los liberales lo que quisieran es que, sobre todo, la vida política, social o económica no escapen de la racionalidad. Pero un escritor que no quisiera escapar de la racionalidad estaría condenado a ser muy mal escritor. Yo creo que uno escribe no solo con su razón, sus ideas, sino con sus instintos, con sus pasiones.
A propósito del liberalismo, ¿no crees que su ascenso ha sido una gran verdad en la que ha habido grandes mentiras?Bueno, en el liberalismo, como en toda doctrina, hay variantes, que tienen que ver con las variantes humanas. Si tú has asistido alguna vez a un encuentro de liberales, vas a ver que las diferencias son muchísimo mayores que las coincidencias. En eso los liberales nos parecemos a los trostkistas. Tenemos una voluntad de divisionismo que parece genética.
¿No te incomoda eso a veces?No, porque no es una iglesia, es una doctrina muy abierta, en la que a partir de ciertas ideas básicas, como la libertad como fuente indivisible del progreso humano, todo lo demás son variantes. Pero hay fanáticos del liberalismo. La idea de que puede haber un progreso que puede estar montado, enteramente, sobre la libertad de mercado me parece una aberración, tan grande como la de los marxistas, que creen que la economía es el fundamento de la historia.
Hay liberales que aceptan el mercado, pero no la libertad política.Ningún liberal admitiría semejante barbaridad.
Algunos lo hacen.Bueno, no son liberales. No puede haber libertad económica sin libertad política, sin libertad social. La libertad es una sola y debe operar simultáneamente en todos los campos. La libertad significa que una sociedad debe ir impulsando progresivamente la libertad individual, la autonomía del individuo, para que pueda realizar sus anhelos e ideales en todos los campos: económico, cultural, social, religioso, sexual. Ahora, que haya caricaturas liberales, las hay. El partido de Somoza, en Nicaragua, se llamaba Partido Liberal. El partido de Georg Haider en Austria, que es un nazi, se llamaba Partido Liberal.
¿Qué hay en el animal político que lo hace tan díscolo?Hay una cierta abdicación de la libertad. La libertad es una cosa muy hermosa, pero también significa una enorme responsabilidad y un enorme vacío. Ser libre es estar tomando decisiones todo el tiempo y eso es algo que contradice profundamente una cierta condición humana. Por eso tantos seres humanos abdican y entregan a otros la facultad de tomar las decisiones fundamentales de su vida. A un dictador, a un tirano, a un caudillo. Todos los movimientos totalitarios significan eso: la abdicación del individuo ante un jefe o una inteligencia. Ese miedo a la libertad, en países como los nuestros, está profundamente arraigado.
Se abdica ante el partido, ante un líder, ante el mercado...La doctrina liberal no admite la abdicación de la libertad. Es la asunción de la responsabilidad. Somos libres porque queremos tomar responsabilidades y no queremos que otros organicen nuestras vidas. Ahora, hay una cosa muy importante: la doctrina liberal no acepta que el mundo político ocupe toda la vida. Defiende siempre, como un derecho humano fundamental, el respeto a la soberanía individual. Que haya un espacio en mi vida en el que nadie tenga derecho a intervenir. Ni el Estado, ni la Iglesia.
Esta frase tuya, reciente, me conmovió mucho: "me enfurece el egoísmo y la ceguera de los sectores privilegiados" (1).Eso pasa muchísimo en los países subdesarrollados, que en gran parte lo son por ello. Han tenido unas clases dirigentes muy ciegas frente a sus responsabilidades. Tuvieron un poder que no merecían y lo usaron para construir privilegios, que marginaban a grandes mayorías dentro de sus sociedades. El resultado son países a medio hacer, como el nuestro. En el caso del Perú, hay una responsabilidad enorme de las clases dirigentes. Fueron clases que abdicaron de su responsabilidad, confiaron muchas veces la dirección del país a dictadores militares semianalfabetos, simplemente porque servían a sus intereses.
¿Estás pensando en Odría y en Cayo Mierda (2)?Sí, pues, imagínate. Yo, por haber nacido en el año 1936, he vivido mucho más en dictaduras que en gobiernos democráticos. Y creo que para la mayor parte de los países de América Latina se puede decir lo mismo. Han vivido más tiempo en su vida bajo regímenes autoritarios.
¿Nos falta entusiasmo democrático a los peruanos?Hay que estimular a los peruanos a que asuman sus responsabilidades. Hay países que han avanzado mucho, como Chile, que por eso progresa tan rápido. Tenemos que comprometernos a actuar si es que queremos salir del pozo. Tenemos que estar movilizados, para reemplazar al gran paquidermo, que es el Estado, como el motor de la transformación y del cambio.
(1)Respuesta a Pedro Salinas en el libro Rajes del Oficio 2.(2)'Cayo Mierda' es un personaje de Conversación en la Catedral, cuyo modelo fue Alejandro Esparza Zañartu, esbirro y ministro de Gobierno de Manuel A. Odría.
Escrito por Ramiro Escobar en el diario Perú 21 de hoy.
Acaba de ser incluido, por la prestigiosa revista Foreign Policy, en la lista de los 100 intelectuales más destacados del mundo. Días antes, a comienzos de junio, recibió en París el premio de la Fundación Simone y Cino del Duca. También recientemente, el gobierno francés lo condecoró con la Orden de las Artes y las Letras, en el grado de Comendador. Para el autor de Conversación en la Catedral, sin embargo, el mejor premio sigue siendo la literatura, el disfrute del proceso creativo, la aventura de la imaginación. La pasión por las letras fluye en sus palabras.
Entiendo que lo que más te gusta no es escribir, sino re-escribir.Ah, es lo que más me gusta. La primera versión de un texto me cuesta muchísimo trabajo, escribo con una enorme inseguridad, con el terror-pánico de que aquello nunca llegue a ser la historia que yo quiero escribir. Hasta que termino ese borrador, ese magma. Entonces todo cambia y empiezo a pasarla bien, a divertirme. Ya tengo la seguridad de que la obra está allí y que depende de mí rescatarla de toda esa hojarasca. Allí puedo trabajar muchas horas, con mucho entusiasmo. Ese es el gran placer para mí: reescribir.
Digamos que la primera parte es de artesano y la segunda de emperador.Es una buena definición. En la primera parte no tengo una visión clara, cabal. Tengo ideas, pero la historia es todavía una nebulosa. Cuando, por fin, tengo ese magma, que es siempre muy caótico, ya estoy seguro de que la historia está enterrada allá dentro. Y entonces se trata de irla desenterrando poco a poco.
Son como esas esculturas de Miguel Ángel a medio terminar, que están en un museo de Florencia.En cierta forma sí, pero con una diferencia. Los materiales de una escultura están allí, ya los tienes. En cambio, en literatura, esos materiales yo los trabajo también. Por eso es que, en todo lo que escribo, hago primero un recojo de documentación, leo mucho. Viajo incluso a los lugares donde va a ocurrir la historia. Procuro familiarizarme con el entorno, la época. Pero no con la idea de la fidelidad histórica, en absoluto. No. Es con la idea de sentir, digamos, esa integración con el ambiente, el medio, los personajes, la manera de hablar. Eso me va sugiriendo imágenes, situaciones, personajes.
¿Las historias te escogen a ti o tú las escoges?Bueno, yo creo que uno no es tan libre como le gustaría a la hora de elegir las historias. Uno no dice, bueno, yo voy a escribir sobre estos temas. No, no. Solo algunas cosas que me ocurren me remiten a algún núcleo muy secreto de experiencias que, a su vez, tienen que ver con lo más íntimo de mi personalidad.
Digamos que en eso no se puede ser tan liberal.No, en eso no. Los liberales lo que quisieran es que, sobre todo, la vida política, social o económica no escapen de la racionalidad. Pero un escritor que no quisiera escapar de la racionalidad estaría condenado a ser muy mal escritor. Yo creo que uno escribe no solo con su razón, sus ideas, sino con sus instintos, con sus pasiones.
A propósito del liberalismo, ¿no crees que su ascenso ha sido una gran verdad en la que ha habido grandes mentiras?Bueno, en el liberalismo, como en toda doctrina, hay variantes, que tienen que ver con las variantes humanas. Si tú has asistido alguna vez a un encuentro de liberales, vas a ver que las diferencias son muchísimo mayores que las coincidencias. En eso los liberales nos parecemos a los trostkistas. Tenemos una voluntad de divisionismo que parece genética.
¿No te incomoda eso a veces?No, porque no es una iglesia, es una doctrina muy abierta, en la que a partir de ciertas ideas básicas, como la libertad como fuente indivisible del progreso humano, todo lo demás son variantes. Pero hay fanáticos del liberalismo. La idea de que puede haber un progreso que puede estar montado, enteramente, sobre la libertad de mercado me parece una aberración, tan grande como la de los marxistas, que creen que la economía es el fundamento de la historia.
Hay liberales que aceptan el mercado, pero no la libertad política.Ningún liberal admitiría semejante barbaridad.
Algunos lo hacen.Bueno, no son liberales. No puede haber libertad económica sin libertad política, sin libertad social. La libertad es una sola y debe operar simultáneamente en todos los campos. La libertad significa que una sociedad debe ir impulsando progresivamente la libertad individual, la autonomía del individuo, para que pueda realizar sus anhelos e ideales en todos los campos: económico, cultural, social, religioso, sexual. Ahora, que haya caricaturas liberales, las hay. El partido de Somoza, en Nicaragua, se llamaba Partido Liberal. El partido de Georg Haider en Austria, que es un nazi, se llamaba Partido Liberal.
¿Qué hay en el animal político que lo hace tan díscolo?Hay una cierta abdicación de la libertad. La libertad es una cosa muy hermosa, pero también significa una enorme responsabilidad y un enorme vacío. Ser libre es estar tomando decisiones todo el tiempo y eso es algo que contradice profundamente una cierta condición humana. Por eso tantos seres humanos abdican y entregan a otros la facultad de tomar las decisiones fundamentales de su vida. A un dictador, a un tirano, a un caudillo. Todos los movimientos totalitarios significan eso: la abdicación del individuo ante un jefe o una inteligencia. Ese miedo a la libertad, en países como los nuestros, está profundamente arraigado.
Se abdica ante el partido, ante un líder, ante el mercado...La doctrina liberal no admite la abdicación de la libertad. Es la asunción de la responsabilidad. Somos libres porque queremos tomar responsabilidades y no queremos que otros organicen nuestras vidas. Ahora, hay una cosa muy importante: la doctrina liberal no acepta que el mundo político ocupe toda la vida. Defiende siempre, como un derecho humano fundamental, el respeto a la soberanía individual. Que haya un espacio en mi vida en el que nadie tenga derecho a intervenir. Ni el Estado, ni la Iglesia.
Esta frase tuya, reciente, me conmovió mucho: "me enfurece el egoísmo y la ceguera de los sectores privilegiados" (1).Eso pasa muchísimo en los países subdesarrollados, que en gran parte lo son por ello. Han tenido unas clases dirigentes muy ciegas frente a sus responsabilidades. Tuvieron un poder que no merecían y lo usaron para construir privilegios, que marginaban a grandes mayorías dentro de sus sociedades. El resultado son países a medio hacer, como el nuestro. En el caso del Perú, hay una responsabilidad enorme de las clases dirigentes. Fueron clases que abdicaron de su responsabilidad, confiaron muchas veces la dirección del país a dictadores militares semianalfabetos, simplemente porque servían a sus intereses.
¿Estás pensando en Odría y en Cayo Mierda (2)?Sí, pues, imagínate. Yo, por haber nacido en el año 1936, he vivido mucho más en dictaduras que en gobiernos democráticos. Y creo que para la mayor parte de los países de América Latina se puede decir lo mismo. Han vivido más tiempo en su vida bajo regímenes autoritarios.
¿Nos falta entusiasmo democrático a los peruanos?Hay que estimular a los peruanos a que asuman sus responsabilidades. Hay países que han avanzado mucho, como Chile, que por eso progresa tan rápido. Tenemos que comprometernos a actuar si es que queremos salir del pozo. Tenemos que estar movilizados, para reemplazar al gran paquidermo, que es el Estado, como el motor de la transformación y del cambio.
(1)Respuesta a Pedro Salinas en el libro Rajes del Oficio 2.(2)'Cayo Mierda' es un personaje de Conversación en la Catedral, cuyo modelo fue Alejandro Esparza Zañartu, esbirro y ministro de Gobierno de Manuel A. Odría.
Escrito por Ramiro Escobar en el diario Perú 21 de hoy.
viernes, 11 de julio de 2008
El argentino que se hizo querer de todos

Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolongó hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible. Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo. Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también los que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón. Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigilia.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.
Estos recuerdos fueron escritos por Gabriel García Márquez con motivo de la inauguración de la Cátedra Julio Cortázar de la Universidad de Guadalajara en México (1984).
jueves, 10 de julio de 2008
García y su mea culpa.
Admite descontento
El presidente Alan García admitió ayer que las razones del paro nacional son justas y tienen que ver con el malestar que causa en la población el alto costo de la vida, la falta de empleo, el atraso de las regiones del interior, entre otros motivos; y se comprometió a hacer lo posible para aminorar el impacto tremendo que estos temas tienen en la economía de los más humildes y los trabajadores.Al principio usó un tono burlón para referirse al paro, pero después cambió de ánimo. “Reconocemos que hay un poco de queja e insatisfacción, pero es importante que entiendan que el gobierno no es sordo, que los escuchamos,” sostuvo García, dejando de lado el tono soberbio con que antes trataba el tema del paro y olvidándose que su gobierno empujó la protesta al no atender las demandas sociales e incumplir las actas suscritas con los gremios de trabajadores y frentes regionales.El Mandatario buscó cambiar su discurso desafiante y altanero y, luego de saludar a quienes acudieron a laborar, aseguró que su primera preocupación es el aumento del precio del aceite o del pollo, situación que atribuyó a factores internacionales, pese a lo cual prometió reducir la inflación.“De cada circunstancia podemos sacar una enseñanza y el gobierno saca la suya, sin triunfalismo ni derrotismo, el gobierno sabe que debe continuar trabajando, como se lo planteó, por los peruanos más pobres”.Sin embargo, el Mandatario no se pronunció sobre los otros puntos de la plataforma de lucha y menos sobre la denuncia periodística que da cuenta de la contratación por parte del gobierno de un spot publicitario con la figura del ex asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, contra los organizadores del paro.
Información extraída del diario LA PRIMERA.
El presidente Alan García admitió ayer que las razones del paro nacional son justas y tienen que ver con el malestar que causa en la población el alto costo de la vida, la falta de empleo, el atraso de las regiones del interior, entre otros motivos; y se comprometió a hacer lo posible para aminorar el impacto tremendo que estos temas tienen en la economía de los más humildes y los trabajadores.Al principio usó un tono burlón para referirse al paro, pero después cambió de ánimo. “Reconocemos que hay un poco de queja e insatisfacción, pero es importante que entiendan que el gobierno no es sordo, que los escuchamos,” sostuvo García, dejando de lado el tono soberbio con que antes trataba el tema del paro y olvidándose que su gobierno empujó la protesta al no atender las demandas sociales e incumplir las actas suscritas con los gremios de trabajadores y frentes regionales.El Mandatario buscó cambiar su discurso desafiante y altanero y, luego de saludar a quienes acudieron a laborar, aseguró que su primera preocupación es el aumento del precio del aceite o del pollo, situación que atribuyó a factores internacionales, pese a lo cual prometió reducir la inflación.“De cada circunstancia podemos sacar una enseñanza y el gobierno saca la suya, sin triunfalismo ni derrotismo, el gobierno sabe que debe continuar trabajando, como se lo planteó, por los peruanos más pobres”.Sin embargo, el Mandatario no se pronunció sobre los otros puntos de la plataforma de lucha y menos sobre la denuncia periodística que da cuenta de la contratación por parte del gobierno de un spot publicitario con la figura del ex asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, contra los organizadores del paro.Información extraída del diario LA PRIMERA.
El fracaso ausente
ANÁLISIS
Escribe: Juan de la Puente (Analista)
El paro ha reiterado la vigencia del factor regional sobre el laboral, marcando una clara dinámica territorial de las demandas sociales actuales. Más que una protesta ciudadana ha sido quizás una protesta de pueblos o ciudades. Una revisión de consignas y carteles arroja un énfasis en el descontento local/regional que la CGTP ha sabido potenciar en un día.
Luego, ni el Presidente ni el Premier han usado la palabra fracaso para referirse al acto de ayer. Y es cierto, el gobierno no ha podido derrotar el paro, en el sentido de evitar que buena parte del país exprese su descontento. Pero ha puesto una banderilla en la lucha por conservar el modelo en cuestión. Resumiendo, el paro ha sido lo bastante fuerte para mostrar el descontento de los peruanos –60% según el Presidente– pero no para liquidar el modelo mismo y abrir la puerta a su reemplazo. Las palabras de García ratifican el resultado: el gobierno ha encajado el golpe político pero mantiene un importante margen de maniobra para procesar cambios realmente distributivos. ¿No será el momento de recordar el TLC hacia adentro de Hernando de Soto?
DATOS
Casi todos. Huamán aseguró que el 90% de obreros de Construcción Civil se plegó al paro, paralizando casi todas las obras de todo el país. "Fue para tristeza del ministro de Vivienda, que ha dicho que paralizaron solo un 10% de los obreros de construcción".
Los agrarios. Reconoció las paralizaciones del interior del país que desde el martes empezaron su protesta. "Del Castillo dijo la semana pasada que el sector agrario no paraba. Estaba bien alegre; sin embargo, el sector agrario ha hecho un paro contundente y le quitó la sonrisa al señor Castillo", dijo el dirigente de la CGTP.
Foto y texto extraídos del diario La República.
Escribe: Juan de la Puente (Analista)
El paro ha reiterado la vigencia del factor regional sobre el laboral, marcando una clara dinámica territorial de las demandas sociales actuales. Más que una protesta ciudadana ha sido quizás una protesta de pueblos o ciudades. Una revisión de consignas y carteles arroja un énfasis en el descontento local/regional que la CGTP ha sabido potenciar en un día.

Luego, ni el Presidente ni el Premier han usado la palabra fracaso para referirse al acto de ayer. Y es cierto, el gobierno no ha podido derrotar el paro, en el sentido de evitar que buena parte del país exprese su descontento. Pero ha puesto una banderilla en la lucha por conservar el modelo en cuestión. Resumiendo, el paro ha sido lo bastante fuerte para mostrar el descontento de los peruanos –60% según el Presidente– pero no para liquidar el modelo mismo y abrir la puerta a su reemplazo. Las palabras de García ratifican el resultado: el gobierno ha encajado el golpe político pero mantiene un importante margen de maniobra para procesar cambios realmente distributivos. ¿No será el momento de recordar el TLC hacia adentro de Hernando de Soto?
DATOS
Casi todos. Huamán aseguró que el 90% de obreros de Construcción Civil se plegó al paro, paralizando casi todas las obras de todo el país. "Fue para tristeza del ministro de Vivienda, que ha dicho que paralizaron solo un 10% de los obreros de construcción".
Los agrarios. Reconoció las paralizaciones del interior del país que desde el martes empezaron su protesta. "Del Castillo dijo la semana pasada que el sector agrario no paraba. Estaba bien alegre; sin embargo, el sector agrario ha hecho un paro contundente y le quitó la sonrisa al señor Castillo", dijo el dirigente de la CGTP.
Foto y texto extraídos del diario La República.
Paro fue más fuerte en provincias
Miembros de la Coordinadora Política y Social, que organizó el paro, anunciaron que el próximo cuatro de noviembre nacerá la Asamblea de los Pueblos.
María Elena Castillo y Emilio Camacho.
Contundente. En Lima, la protesta tomó forma de gran movilización popular. Desde el amanecer, miles de trabajadores se desplazar
on desde diversos puntos de la ciudad hasta la Plaza Dos de Mayo.
Tal como aseguraron los organizadores del Paro Nacional, la medida de protesta se desarrolló en forma pacífica y ordenada. Mientras que en el interior del país un considerable porcentaje de la población acató la paralización, en Lima la protesta se convirtió en una gran movilización que culminó en un nutrido mitin en la céntrica Plaza Dos de Mayo.
"En provincias el paro fue casi total. Tenemos que reconocer que en Lima no ha sido así, pero ha sido mayoritario. No paralizó todo el transporte público, pero gran parte sí. Parecía un día feriado en Lima", dijo el secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), Mario Huamán, en la conferencia de prensa con la que ofreció un balance de la protesta. En efecto, desde muy temprano se observó en los diferentes conos de la capital gran cantidad de unidades de transporte público que estuvieron resguardadas por la policía.
Solo en Carabayllo se registró un incidente violento, cuando un pequeño grupo de manifestantes lanzó piedras a un vehículo e intentó bloquear la avenida Túpac Amaru.
Al promediar las nueve de la mañana los manifestantes comenzaron a reunirse en los diversos puntos de preconcentración determinados con anterioridad por los organizadores del paro. Y una hora después empezaron su recorrido hacia la Plaza Dos de Mayo para participar en el anunciado mitin.
Delegaciones de los sindicatos de construcción civil, de los maestros y médicos del sector público, así como de estudiantes universitarios, jubilados, empresas de transporte, y de los gremios agrarios, se reunieron y empezaron a marchar portando pancartas y lanzado arengas contra el gobierno.
A las 12 y 30 empezó el mitin en medio de los gritos y arengas.
"Escucha, Alan García, la olla está vacía", dijo Huamán tras saludar a los participantes del paro. "La olla está vacía por culpa de García", respondieron quienes llenaron la Plaza Dos de Mayo y sus alrededores.
Huamán recalcó que el paro en Puno, Huancavelica y Cerro de Pasco, donde el presidente García viajó las últimas semanas, fue casi total.
"García estaba como en las campañas electorales, viajando por todo el país, y donde ha ido el paro ha sido del cien por ciento porque ya no le creen. Y porque hay hambre, miseria y pobreza en el país", exclamó.
También desmintió a los ministros que afirmaron que se ha trabajado casi en su totalidad en los sectores salud y educación y en los puertos. Afirmó, más bien, que el paro fue contundente.
"Los maestros del Sutep pararon en un 90%, igual los obreros de construcción civil y, en el caso de los portuarios, llevaron a los efectivos de la Marina para que no detuvieran sus actividades", afirmó.
El dirigente de la CGTP culminó su disertación presentando una plataforma mínima para que el gobierno tome medidas urgentes. Esta propuesta tiene cinco puntos: aumento de sueldos, salarios y pensiones para compensar el alza del costo de vida; derogar los decretos legislativos que afectan las tierras comunales; derogar los decretos que afectan los puertos, las empresas eléctricas y el agua: derogar las leyes de criminalización de las protestas; que se atienda la agenda laboral del agro y de los trabajadores; y la lucha frontal contra la corrupción.
Información y foto extraídos del diario LA REPÚBLICA.
María Elena Castillo y Emilio Camacho.
Contundente. En Lima, la protesta tomó forma de gran movilización popular. Desde el amanecer, miles de trabajadores se desplazar
on desde diversos puntos de la ciudad hasta la Plaza Dos de Mayo.Tal como aseguraron los organizadores del Paro Nacional, la medida de protesta se desarrolló en forma pacífica y ordenada. Mientras que en el interior del país un considerable porcentaje de la población acató la paralización, en Lima la protesta se convirtió en una gran movilización que culminó en un nutrido mitin en la céntrica Plaza Dos de Mayo.
"En provincias el paro fue casi total. Tenemos que reconocer que en Lima no ha sido así, pero ha sido mayoritario. No paralizó todo el transporte público, pero gran parte sí. Parecía un día feriado en Lima", dijo el secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), Mario Huamán, en la conferencia de prensa con la que ofreció un balance de la protesta. En efecto, desde muy temprano se observó en los diferentes conos de la capital gran cantidad de unidades de transporte público que estuvieron resguardadas por la policía.
Solo en Carabayllo se registró un incidente violento, cuando un pequeño grupo de manifestantes lanzó piedras a un vehículo e intentó bloquear la avenida Túpac Amaru.
Al promediar las nueve de la mañana los manifestantes comenzaron a reunirse en los diversos puntos de preconcentración determinados con anterioridad por los organizadores del paro. Y una hora después empezaron su recorrido hacia la Plaza Dos de Mayo para participar en el anunciado mitin.
Delegaciones de los sindicatos de construcción civil, de los maestros y médicos del sector público, así como de estudiantes universitarios, jubilados, empresas de transporte, y de los gremios agrarios, se reunieron y empezaron a marchar portando pancartas y lanzado arengas contra el gobierno.
A las 12 y 30 empezó el mitin en medio de los gritos y arengas.
"Escucha, Alan García, la olla está vacía", dijo Huamán tras saludar a los participantes del paro. "La olla está vacía por culpa de García", respondieron quienes llenaron la Plaza Dos de Mayo y sus alrededores.
Huamán recalcó que el paro en Puno, Huancavelica y Cerro de Pasco, donde el presidente García viajó las últimas semanas, fue casi total.
"García estaba como en las campañas electorales, viajando por todo el país, y donde ha ido el paro ha sido del cien por ciento porque ya no le creen. Y porque hay hambre, miseria y pobreza en el país", exclamó.
También desmintió a los ministros que afirmaron que se ha trabajado casi en su totalidad en los sectores salud y educación y en los puertos. Afirmó, más bien, que el paro fue contundente.
"Los maestros del Sutep pararon en un 90%, igual los obreros de construcción civil y, en el caso de los portuarios, llevaron a los efectivos de la Marina para que no detuvieran sus actividades", afirmó.
El dirigente de la CGTP culminó su disertación presentando una plataforma mínima para que el gobierno tome medidas urgentes. Esta propuesta tiene cinco puntos: aumento de sueldos, salarios y pensiones para compensar el alza del costo de vida; derogar los decretos legislativos que afectan las tierras comunales; derogar los decretos que afectan los puertos, las empresas eléctricas y el agua: derogar las leyes de criminalización de las protestas; que se atienda la agenda laboral del agro y de los trabajadores; y la lucha frontal contra la corrupción.
Información y foto extraídos del diario LA REPÚBLICA.
sábado, 5 de julio de 2008
Ciudad romántica
PARÍS, YO TE AMO, ABANICO DE HISTORIAS BREVES QUE TRANSCURREN EN VARIOS LUGARES DE LA URBE FRANCESA
Son 18 cortometrajes de cineastas de diversa nacionalidad, entre los que destacan los episodios de Alfonso Cuarón, Isabel Coixet, Oliver Schmitz, Gerard Depardieu y los hermanos Coen Enrique Silva Orrego No es fácil contar una historia en pocos minutos, llenar la pantalla con un relato breve y conciso que salga lo mejor posible. Cineastas de diversas nacionalidades, algunos conocidos y otros no tanto, lo intentan con resultados desiguales en el interesante filme colectivo París, yo te amo, un estreno que, ciertamente, viene a ser una buena alternativa frente a la inundación de nuestra cartelera por los blockbusters norteamericanos. La propuesta de los productores franceses Claudie Ossard y Emmanuel Benbihy es clara: mostrar un extenso ramillete de historias cortas –18 en total– en las que prevalezca el sentimiento romántico. Historias de amor, desengaño y descubrimiento que tienen de drama y comedia, en las que también se dan encuentros inesperados y hasta insólitos que respiran un manifiesto aire de libertad creativa. El hecho de contar con realizadores tan diferentes aporta justamente visiones de lo más variadas con estilos narrativos igualmente distintos, que contemplan la ciudad de París y se sumergen en una serie de lugares, recorriendo calles y plazas, bares y restaurantes, siguiendo las peripecias de una amplia gama de personajes encarnados por un reparto cosmopolita. Evidentemente, no todos los episodios están a la misma altura y hay algunos que destacan nítidamente por encima del resto. Sin embargo, hasta en los segmentos menos afortunados siempre se puede rescatar algo: una mirada, una actuación y hasta una reflexión. Así, del total de cortos, destacamos ocho que nos parecen los más relevantes. Tuileries, de Ethan y Joel Coen, expone con el mejor humor negro el encuentro de un turista estadounidense (Steve Buscemi) con una extraña y agresiva pareja francesa en una estación del metro. Bastille, de la española Isabel Coixet, es una precisa historia de amor entre un sujeto (Sergio Castellitto) que deja a su amante (Leonor Watling) por su moribunda esposa (Miranda Richardson). En Parc Monceau, el mexicano Alfonso Cuarón expone en un perfecto plano-secuencia la verdadera relación de una joven (Ludivine Sagnier) y el viejo (Nick Nolte) que la aborda. Tour Eiffel, del experto animador francés Sylvain Chomet, es una grata aventura de lenguaje mímico. Y en Place des Fetes, del sudafricano Oliver Schmitz, asistimos a la bien planificada historia de un amor imposible. Quartier de la Madeleine, de Vincenzo Natali, echa una mirada fresca y divertida al flechazo entre una acechante vampira (Olga Kurylenko) y su juvenil presa nocturna (Elijah Wood). Quartier Latin, de los galos Gerard Depardieu y Fréderic Auburtin, con la absoluta complicidad de Ben Gazzara y Gena Rowlands como una madura pareja separada, le rinde un particular homenaje al cine de John Cassavetes. Y 14° arrondissement, de Alexander Payne, concluye el recorrido urbano con una turista inglesa (Margo Martindale) por primera vez en París, cuyas palabras finales resumen el cálido romanticismo que destila la película.
Paris, je t’aime III
Directores: varios
País: Francia-Suiza. Año: 2006
Distribuye: Eurofilms
Información extraída del diario El Correo.
Son 18 cortometrajes de cineastas de diversa nacionalidad, entre los que destacan los episodios de Alfonso Cuarón, Isabel Coixet, Oliver Schmitz, Gerard Depardieu y los hermanos Coen Enrique Silva Orrego No es fácil contar una historia en pocos minutos, llenar la pantalla con un relato breve y conciso que salga lo mejor posible. Cineastas de diversas nacionalidades, algunos conocidos y otros no tanto, lo intentan con resultados desiguales en el interesante filme colectivo París, yo te amo, un estreno que, ciertamente, viene a ser una buena alternativa frente a la inundación de nuestra cartelera por los blockbusters norteamericanos. La propuesta de los productores franceses Claudie Ossard y Emmanuel Benbihy es clara: mostrar un extenso ramillete de historias cortas –18 en total– en las que prevalezca el sentimiento romántico. Historias de amor, desengaño y descubrimiento que tienen de drama y comedia, en las que también se dan encuentros inesperados y hasta insólitos que respiran un manifiesto aire de libertad creativa. El hecho de contar con realizadores tan diferentes aporta justamente visiones de lo más variadas con estilos narrativos igualmente distintos, que contemplan la ciudad de París y se sumergen en una serie de lugares, recorriendo calles y plazas, bares y restaurantes, siguiendo las peripecias de una amplia gama de personajes encarnados por un reparto cosmopolita. Evidentemente, no todos los episodios están a la misma altura y hay algunos que destacan nítidamente por encima del resto. Sin embargo, hasta en los segmentos menos afortunados siempre se puede rescatar algo: una mirada, una actuación y hasta una reflexión. Así, del total de cortos, destacamos ocho que nos parecen los más relevantes. Tuileries, de Ethan y Joel Coen, expone con el mejor humor negro el encuentro de un turista estadounidense (Steve Buscemi) con una extraña y agresiva pareja francesa en una estación del metro. Bastille, de la española Isabel Coixet, es una precisa historia de amor entre un sujeto (Sergio Castellitto) que deja a su amante (Leonor Watling) por su moribunda esposa (Miranda Richardson). En Parc Monceau, el mexicano Alfonso Cuarón expone en un perfecto plano-secuencia la verdadera relación de una joven (Ludivine Sagnier) y el viejo (Nick Nolte) que la aborda. Tour Eiffel, del experto animador francés Sylvain Chomet, es una grata aventura de lenguaje mímico. Y en Place des Fetes, del sudafricano Oliver Schmitz, asistimos a la bien planificada historia de un amor imposible. Quartier de la Madeleine, de Vincenzo Natali, echa una mirada fresca y divertida al flechazo entre una acechante vampira (Olga Kurylenko) y su juvenil presa nocturna (Elijah Wood). Quartier Latin, de los galos Gerard Depardieu y Fréderic Auburtin, con la absoluta complicidad de Ben Gazzara y Gena Rowlands como una madura pareja separada, le rinde un particular homenaje al cine de John Cassavetes. Y 14° arrondissement, de Alexander Payne, concluye el recorrido urbano con una turista inglesa (Margo Martindale) por primera vez en París, cuyas palabras finales resumen el cálido romanticismo que destila la película.Paris, je t’aime III
Directores: varios
País: Francia-Suiza. Año: 2006
Distribuye: Eurofilms
Información extraída del diario El Correo.
Cercan San Marcos con alambres y la próxima semana reconstruirán muro
Trabajos en el by pass continúan. Alumnos pernoctan dentro de la universidad por temor a saqueos. Defensora Beatriz Merino convoca al diálogo.
No dan tregua. Sanmarquinos cercaron 2 mil 700 metros de su universidad. Estudiantes acusan intentos de robos a su casa de estudios.
Guardianes. Varios alumnos pernoctarán para evitar que
derriben el cerco.
Todos cargaban una mochila, todos tenían los pantalones manchados de tierra muerta. Las mujeres sostenían los alambres y los hombres, con punzones de fierro, cavaban los huecos por donde entrarían las estacas de madera. Más de 200 sanmarquinos cercaron ayer, con alambres y maderas, los 2 mil 700 metros que separan a la Ciudad Universitaria de la avenida Venezuela. La guerra está en pie.
"Lo que nos preocupa es el patrimonio de la universidad. Tras el derribo del cerco perimétrico la Ciudad Universitaria se ha convertido en un ‘campo abierto’, la delincuencia pulula. Hemos tenido intentos de robos y saqueos", expresó el secretario general de la UNMSM, José Niño, quien informó que el muro derrumbado se volverá a levantar y que ese trabajo correrá por cuenta de San Marcos.
NADA LOS DETENDRÁ
"Nosotros no nos vamos a rendir. Nos han golpeado y ahora nos dejan al aire libre", las palabras de Deivi Torres Arias, un cachimbo de 20 que abandonó sus clases de biología para tomar el pico y la lampa, amenazaban batalla. Por ahora solo se trata de un cerco de alambres, pero los trabajos de reconstrucción del muro, según José Niño, empezarían la próxima semana siempre y cuando cada estudiante colabore con un ladrillo, por lo menos.
Para el abogado de la Municipalidad de Lima, Aníbal Quiroga, el rechazo a las obras del intercambio vial en las avenidas Venezuela y Universitaria obedece a pugnas políticas internas en San Marcos. "Al parecer existen dos rectores en esta universidad, uno que dialoga con las autoridades municipales y el otro que sale a la calle a decir todo lo contrario de lo que dijo media hora antes", exclamó Quiroga.El defensor legal de la comuna metropolitana agregó que el mensaje que se está dando al país es que el ordenamiento jurídico no sirve para nada y que se puede suscribir un contrato y luego, por problemas políticos internos, desconocer este de manera unilateral. En la MML no quieren ceder terreno.
"Levantando el muro mostramos nuestra disconformidad. Las medidas de violencia no nos conducen a nada. Nuestro trabajo académico debe circunscribirse a ello. Obviamente, si algo nos disgusta tenemos el legítimo derecho de protestar", expresó José Niño, en respuesta al abogado de la MML.
HECHOS CONCRETOS
Ante el problema social generado entre la MML y la San Marcos, la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino Lucero, reiteró que es indispensable el diálogo y lamentó que los trabajadores de la comuna ingresen a la universidad y agredan a los estudiantes.
"En una sociedad moderna, el alcalde provincial de la capital y el rector de la universidad pública más reconocida del país son los exponentes más importantes de las civilización, son exponentes del estado de derecho y la democracia, por ello, continuaremos invocándoles el diálogo", dijo Beatriz Merino.
Escrito por Alfredo Pomareda, columnista del diario LA REPÚBLICA.
(Foto: Verónica Calderón)
No dan tregua. Sanmarquinos cercaron 2 mil 700 metros de su universidad. Estudiantes acusan intentos de robos a su casa de estudios.
Guardianes. Varios alumnos pernoctarán para evitar que
derriben el cerco.Todos cargaban una mochila, todos tenían los pantalones manchados de tierra muerta. Las mujeres sostenían los alambres y los hombres, con punzones de fierro, cavaban los huecos por donde entrarían las estacas de madera. Más de 200 sanmarquinos cercaron ayer, con alambres y maderas, los 2 mil 700 metros que separan a la Ciudad Universitaria de la avenida Venezuela. La guerra está en pie.
"Lo que nos preocupa es el patrimonio de la universidad. Tras el derribo del cerco perimétrico la Ciudad Universitaria se ha convertido en un ‘campo abierto’, la delincuencia pulula. Hemos tenido intentos de robos y saqueos", expresó el secretario general de la UNMSM, José Niño, quien informó que el muro derrumbado se volverá a levantar y que ese trabajo correrá por cuenta de San Marcos.
NADA LOS DETENDRÁ
"Nosotros no nos vamos a rendir. Nos han golpeado y ahora nos dejan al aire libre", las palabras de Deivi Torres Arias, un cachimbo de 20 que abandonó sus clases de biología para tomar el pico y la lampa, amenazaban batalla. Por ahora solo se trata de un cerco de alambres, pero los trabajos de reconstrucción del muro, según José Niño, empezarían la próxima semana siempre y cuando cada estudiante colabore con un ladrillo, por lo menos.
Para el abogado de la Municipalidad de Lima, Aníbal Quiroga, el rechazo a las obras del intercambio vial en las avenidas Venezuela y Universitaria obedece a pugnas políticas internas en San Marcos. "Al parecer existen dos rectores en esta universidad, uno que dialoga con las autoridades municipales y el otro que sale a la calle a decir todo lo contrario de lo que dijo media hora antes", exclamó Quiroga.El defensor legal de la comuna metropolitana agregó que el mensaje que se está dando al país es que el ordenamiento jurídico no sirve para nada y que se puede suscribir un contrato y luego, por problemas políticos internos, desconocer este de manera unilateral. En la MML no quieren ceder terreno.
"Levantando el muro mostramos nuestra disconformidad. Las medidas de violencia no nos conducen a nada. Nuestro trabajo académico debe circunscribirse a ello. Obviamente, si algo nos disgusta tenemos el legítimo derecho de protestar", expresó José Niño, en respuesta al abogado de la MML.
HECHOS CONCRETOS
Ante el problema social generado entre la MML y la San Marcos, la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino Lucero, reiteró que es indispensable el diálogo y lamentó que los trabajadores de la comuna ingresen a la universidad y agredan a los estudiantes.
"En una sociedad moderna, el alcalde provincial de la capital y el rector de la universidad pública más reconocida del país son los exponentes más importantes de las civilización, son exponentes del estado de derecho y la democracia, por ello, continuaremos invocándoles el diálogo", dijo Beatriz Merino.
Escrito por Alfredo Pomareda, columnista del diario LA REPÚBLICA.
(Foto: Verónica Calderón)
viernes, 4 de julio de 2008
La vida Es
La vida es un pescado frito con su buena porción de arroz. También es ir al baño, sentarse cómodo y leer cualquier texto mientras van cayendo —¡por la gravedad intolerante!— trozos de rencor... Y uno dice «Ahh, qué alivio». La vida es cagarse de risa y cagarse el día con la resaca y la diarrea y la gripe y la fiebre y... También es (¿¡qué es, por Zeus, por Jehová, por el Señor se Sipán!?), un vaso de limonada hecha con cucharadas de embeleso, poco de ajos pal' sabor y pimienta pal' color. Qué mierda es la vida: sí, la vida también es mierda y orine y caries y moco... Infaltable el papel higiénico, sin esto nos ensuciaríamos las manos.
Es comprarse un antojo, aquel que ves por la avenida yendo hacia el codo de la ciudad y no te resistes (las mujeres dirían: «Sólo uno, nada más. Mañana empiezo la dieta. Ahora sí, ahora sí». Se engañan). La vida es que mi madre se equivoque «¡Vas a llegar tarde al colegio!», y yo estoy en la Universidad, y que me levante a las seis diciéndome que son las diez. La vida es que yo me equivoque «Está salado el refresco», ¡carajo!, me equivoqué de frasco. Es ir al concierto y darse cuenta de que se acabaron las entradas y no tienes dinero pa' la reventa. Es tocar un acústico por la noche en la banca de los extramuros de donde habito, o en algún parque con buenas amistades —las malas también se aceptan, son muy bienvenidas—. La vida es toparse con cada huevón y uno (yo) que quiere ser el único (mucha competencia).
La vida no sonríe, tampoco llora: no existe, nosotros existimos. La vida es un homenaje a la muerte. Y también que te den homenaje recién cuando mueras. Y es agravios y alegrías y desamores. Es meterte un puñete y darte cuenta que no es un sueño: no es Matrix, no somos cerebros en una cubeta. La vida es que tengas un amor platónico: «contemplar» me diría una amiga (fueeera mierda. No te hace caso, esa es la verdad). La vida es que algo inicie y algo acabe. La vida es todo, pero no nada: NADAMOS EN ELLA. Es decir sí cuando se quiere decir NO, y no cuando SÍ, o sea la cagamos con cada palabra mal escrita en el papel de este existir continuo. La vida no es solo un abrazo, un beso, sino muchos. La vida es la metáfora de la masturbación «y después qué». La vida es una cachetada, solo una, que te den dos ya es idiotez. Es despedirse de algún ser estimado sin tener la certeza de que algún día haya un reencuentro. Y la vida es una lágrima y un vaso de lágrimas y un pañuelo y el pañuelo húmedo y la mucosidad y el papel y callar… Silencio (qué patétic, pero así es la vida). La vida es almorzar, y como el Hambre se ha instalado en mi estómago, me borro: chao para saciar la sed de hambre de mi estómago, tengo principio de gastritis, está de moda y la moda pega en la juventud como chicle en los zapatos. La vida es una palabra, simplemente.
AZAÑA ORTEGA, Moisés
jueves, 3 de julio de 2008
¡CASTAÑEDA, ESCUCHA, SAN MARCOS TE REPUDIA!
Hoy se vivió una vez más las arengas en contra de Luis Castañeda Lossio, alcalde de Lima. Los pitos, los bombos y los gritos se incrementaron a medida de que se avanzaba hasta llegar al Congreso de la República. Coros como «Castañeda escucha, San Marcos te repudia», «Estudiar y luchar, la consigna estudiantil», decoraron las avenidas de la furia e indignación de los alumnos, profesores y personal administrativo. «Siempre de pie, nunca de rodillas» también estuvo en la carta, haciendo alusión a Ernesto Guevara. Es que somos conscientes de que los brazos cruzados nunca han llegado a nada, ni siquiera a dar un abrazo. Ser sanmarquino es sinónimo de fortaleza, lucha y educación. ¡Es hora del codazo!
La imagen es de una pancarta que estaba en el ingreso de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.
La imagen es de una pancarta que estaba en el ingreso de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.
AZAÑA ORTEGA
martes, 1 de julio de 2008
San Marcos, Ciudad Abierta
Quien recorra la Avenida Venezuela a partir del cruce con Universitaria verá con sorpresa que la Ciudad Universitaria sanmarquina se ha convertido en un espacio sin protección, rodeado por una pampa por donde pueden ingresar a su antojo curiosos, ladrones, asaltantes o violadores.Esa es obra del Concejo Municipal Metropolitano de Lima, que encabeza el alcalde Luis Castañeda. Se trata de una auténtica agresión contra la universidad más antigua de América, donde se forjan algunos de los cuadros más valiosos del país en materia de ciencias, artes y letras.No hay el menor alarmismo en lo que afirmamos. El grueso del público ignora, sin duda, lo que era La Huerta Perdida, un antro de delincuentes, cercano al cementerio Presbítero Maestro, donde toda inseguridad tenía su asiento. Pues bien: Carlos Bruce, cuando fue ministro de Vivienda, decidió desalojar esa guarida, y no se le ocurrió mejor idea que trasladar a sus pobladores a una zona situada frente al campus de San Marcos.Eso explica por qué, en los dilatados meses en que la Municipalidad ha cerrado accesos y salidas a la Ciudad Universitaria, han ocurrido allí diversos asaltos, inclusive con lesiones, contra alumnas y alumnos que salen de clases en horarios nocturnos.El ataque municipal, perpetrado en la madrugada del domingo, tiene todas las características de una provocación, sobre todo porque estaba en marcha una negociación respecto a las obras que en esa zona proyecta el Concejo. El acto violento rompe el diálogo que las autoridades de San Marcos habían entablado con el Concejo. Sobre todo después de que se reveló que el convenio entre ambas instituciones contiene aspectos que lo vuelven írrito. Con el agravante de que un informe técnico de la Universidad de Ingeniería ha precisado que las obras que dañan a San Marcos son innecesarias.Este agravio a la cultura y al sistema universitario debe ser detenido y sancionado, sea por el Congreso o por el Poder Judicial, puesto que la Municipalidad de Lima ha demostrado que no entra en razones técnicas o económicas. Es toda una concepción urbanística anacrónica y autoritaria lo que está en tela de juicio.En la revista Zehar sobre urbanismo editada en guipuzcoano, dialecto del vascuence que se emplea en Guipúzcoa, San Sebastián, 2007, encuentro un texto en español en que se precisa, partiendo de ideas de Jürgen Habermas, que el concepto de “espacio público” ha sido reemplazado por el de esfera pública.“La naturaleza esencial del proyecto público desde los años 90 ha pasado de ser espacial y decorativa a conceptual, empírica, participatoria”. Los docentes y los alumnos de San Marcos han dado, pues, en el clavo. No quieren un proyecto inconsulto que les sustrae espacio y, a la mala, los deja a la intemperie.
Extraído del diario La Primera. Escrito por su director César Lévano.
Extraído del diario La Primera. Escrito por su director César Lévano.
jueves, 26 de junio de 2008
Cien años sin soledad

Por César Hildebrandt
Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Salvador Allende, suicida a los 65 luego del bombardeo de La Moneda ordenado por Pinochet, ejecutado por Leigh y festejado por Nixon y todas las hienas de la Caverna latinoamericana, empezando por “El Mercurio”, el diario que la CIA infló con millones de dólares según los documentos desclasificados en los últimos diez años.Yo tenía 25 años esa mañana de tragedia predecible. Recuerdo que estuve desde muy temprano en la embajada chilena en Lima, compartiendo con el embajador socialista de Allende las noticias que él recibía directamente, por radio y teléfono, desde Santiago.Chile nunca había sido tan hermano como en esos años de sueños comunes. ¿Quién se hubiese atrevido a recordar agravios salitreros cuando todos mirábamos el futuro socialista y en paz, democrático y plural, que Allende se empeñaba en construir con lo mejor de la inteligencia chilena y frente a lo peor de la canalla derechista de todas partes? No había tiempo para dedicarse al pasado en esos tiempos en los que todo lo bueno parecía amenazado. Y quienes nunca pudimos transar con el estalinismo habanero y su concentración pavorosa de poder en un solo hombre cada vez más intolerante, vimos en Allende y sus dificultades el trámite inexorable que los socialistas democráticos debían de cumplir para no parecerse a ningún patriarca vitalicio.Y cuando vinieron los crímenes, las provocaciones, las voladuras de gasoductos, pensamos que enfrentar eso, al lado del pueblo chileno, era mejor y más limpio que ver a liberadores de antaño transformados en enemigos de la poesía de Heberto Padilla.Pero luego vino la huelga de los camioneros encabezados por León Vilarín, agente de la CIA, y la guerrilla fascista de Patria y Libertad, aceitada por Kissinger y liderada por Pablo Rodríguez y Jaime Guzmán, ambos en la planilla opaca de la CIA, y luego la huelga patronal de la Sociedad de Fomento Fabril, alentada por la CIA e instrumentada por el Partido Nacional, heredero de quienes habían empujado al suicidio al liberal presidente Manuel Balmaceda en 1891, y por la Democracia Cristiana, ya abiertamente militando en el golpismo.Yo había estado en Chile en 1971, cubriendo las primeras elecciones complementarias del Congreso que Allende había perdido en Valparaíso. Había recorrido muchos lugares y había hablado con mucha gente –desde Volodia Teitelboim a Carlos Altamirano, de Luis Corvalán a Patricio Aylwin– y había llegado a la muy compartida conclusión de que Chile estaba en camino, por decisión de la Caverna internacional, de una confrontación armada en la que Allende y los suyos –en ese momento, la mitad de Chile– serían masacrados.Recuerdo que una noche, en Valparaíso, en una boite que parecía el set para una película basada en un cuento de José Donoso, Augusto Olivares, “el Perro Olivares” –secretario de prensa de Allende– nos había dicho a un grupo de periodistas extranjeros que las cosas se iban a poner más feas prescindiendo de cuáles fueran las señales de paz que diera el gobierno. “Aquí los momios están acostumbrados a ganar”, dijo el entrañable Olivares; el mismo Olivares que aquel 11 de septiembre de todas las infamias, metralleta en mano, resistió en La Moneda hasta donde pudo y a eso de las diez de la mañana se pegó un pulcro tiro en la sien.Había visto también, en ese viaje, hasta qué punto la izquierda tanática, encarnada en Carlos Altamirano, en parte del Mapu y en la totalidad del MIR, facilitaban el trabajo de la CIA atizando el “enfrentamiento final” con las Fuerzas Armadas, por aquel entonces todavía en manos de comandantes en jefe decentes e institucionalistas. Y cuando llegó, en marzo de 1973, aquel proceso electoral en el que la Unidad Popular obtuvo una victoria, a pesar del desabastecimiento salvaje impuesto por el empresariado y de las tomas de fábricas dictadas por el extremismo de izquierda, muchos sentimos un gran alivio. ¿Se atreverían los fascistas a ahogar en sangre a un gobierno que conservaba cifra tan alta de apoyo popular?Ahora sabemos que fue en ese momento, precisamente, cuando la CIA y los Edwards, el fascismo y el empresariado golpista, Kissinger y la Democracia Cristiana, tomaron plena conciencia de que sólo con las armas echando plomo a discreción se librarían de la pesadilla de un gobierno que había nacionalizado el cobre en medio del fervor popular y que, pacientemente, gobernaba en el angosto margen que le había quedado para seguir siendo democrático.Así que esa mañana del 11 de septiembre de 1973, 48 horas antes de que Allende anunciara el referéndum que decidiría la continuidad del régimen, cuando al amanecer la flota chilena zarpó de Valparaíso, todos supimos que el espanto había empezado su última cuenta regresiva. Y mientras se decía que Allende buscaba a su recién nombrado comandante del ejército para que pusiera las cosas en orden y los teléfonos de Leigh en la Fuerza Aérea y de Carvajal, en la Armada, sonaban sin contestar, nosotros escuchamos, en la embajada chilena en Lima y gracias a una radio de onda corta, el primer y escalofriante mensaje de la Junta facista. Una de las órdenes era fusilar a quien quebrara el toque de queda, programado para pasadas las 6 de la tarde.Después supimos de los bombardeos aéreos en las instalaciones de las radios allendistas –la Portales, la Corporación– y de la demolición, también desde un avión de la FACH, de la residencia presidencial de Tomás Moro. Pero ni siquiera en ese momento pudimos imaginar la crueldad exaltada de este sicariato en que se había transformado la Fuerza Armada chilena. Todas las masacres de mapuches, todas las matanzas de obreros sublevados en el norte (Santa María de Iquique fue la versión chilena de La Comuna de París), toda la furia de una derecha decidida a matar como escarmiento y a vengarse para recuperar sus certezas patrimoniales, todo el odio mugriento de los pelucones asustados, se comprimió en el rostro de Augusto Pinochet Ugarte.¿Fue un iluso Allende? No. Fue un idealista. ¿Pudo hacer otra cosa que gobernar como lo hizo? No hubiera podido hacer otra cosa: fue leal a su compromiso de asomar a Chile a un socialismo en democracia. ¿Cometió errores? Por supuesto y el primero fue, probablemente, no romper con la izquierda provocadora que parecía aliada del fascismo.He escuchado ayer algunos discursos de Allende. Resulta prodigiosa la vigencia tenaz de muchas de sus ideas en torno al abuso imperial de los Estados Unidos, la dependencia como desgracia, el saqueo de nuestras riquezas como destino impuesto por el llamado “orden internacional”, la asimetría del intercambio comercial y la urgencia de unidad de los países que no quieren borrar de su lenguaje la palabra dignidad.Allende se mató para no caer en manos de quienes, un año después, harían volar de un bombazo a Prats y a su mujer. Como Balmaceda en Chile, como Eduardo Chibás en Cuba, Allende fue un héroe de la propia consecuencia. Su vida fue la de un demócrata impertérrito. Y su fracaso no fue el triunfo de Castro, que en privado dijo más de una vez que lo que le había pasado a Allende le pasaría a todos quienes quisieran construir el socialismo respetando las reglas de la tolerancia. Digamos que ese fracaso fue episódico. Hoy el mundo reclama un liderazgo como el de Salvador Allende, un ejemplo como el que predicó, una sensibilidad social como la que lo condujo al poder y al martirio casi al mismo tiempo. Allende nos espera instalado en el futuro. Pinochet espera a los Edwards y afines en el fantasmal vertedero donde será, para toda la ínfima eternidad humana, el viejo tembloroso que mató, robó y esgrimió su ancianidad para no ir preso. El héroe de Milton Friedman resultó que, fuera del poder, se cagaba de miedo.
Extraído del diario LA PRIMERA.
Extraído del diario LA PRIMERA.
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